Fundación Letras del Mar Miércoles, 07 de enero de 2009
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La Mar en Lope de Vega

Manuel Maestro
Presidente de la
“Fundación Letras del Mar”
Miembro de la RLNE



“¡Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvela,
y entre las olas sola!...”

Lope de Vega



En este año, en el que conmemoramos la edición de la primera parte de la obra que inmortalizó al ilustre soldado de marina Miguel de Cervantes, viene también a nuestra memoria otro contemporáneo de éste que simultaneó con acierto pluma y espada, en la misma medida que compartió con él desafecto literario y personal: su íntimo enemigo Félix Lope de Vega y Carpio. Dos genios que tuvieron vidas paralelas, combatieron a bordo de las naves españolas: Cervantes en Lepanto; Lope en Las Azores, y parece que también en la Armada Invencible. Ambos fueron prófugos por sus pendencias y amoríos a la vez que consiguieron la inmortalidad por su obra literaria, que en los dos casos está constantemente impregnada por el salitre del mar. Al contrario que su contrincante, Lope viajó poco, a excepción de sus salidas con motivo de la participación en las empresas militares antes aludidas. No dejó de escribir hasta cuatro días antes de su muerte, lo que dio como balance miles de piezas dramáticas y poéticas: abundancia que generó fuese conocido como Fénix de los Ingenios.

Donde verdaderamente se manifestó el genio creativo de Lope fue en el teatro, en el que huyó del corte renacentista sometido a la tiranía de las unidades de tiempo, lugar y acción lo que le hacía pesado y lento; a la vez que rechazó la rígida separación entre tragedia y comedia, introduciendo un personaje nuevo, el gracioso, un antihéroe que conmueve por su humanismo, apareciendo el pueblo como protagonista de sus comedias. Sus reglas fueron así justificadas en unos versos:

“Cuando he de escribir una comedia,
encierro los preceptos con seis llaves;
saco a Terencio y Plauto de mi estudio,
para que no me den voces: que suele
dar gritos la verdad en libros mudos;
y escribo por el arte que inventaron
los que el vulgar aplauso pretendieron;
porque, como las plagas el vulgo, es justo
hablarle en necio para darle gusto”.

TRES HITOS DE LA HISTORIA MARÍTIMA EN SU OBRA

Como autor abordó tres hitos marítimos de la Edad Moderna: el Descubrimiento de América, la Batalla de Lepanto y la lucha mantenida con los piratas ingleses personificada en la figura de Drake.

A pesar de no haber viajado nunca a América, Lope, al igual que otros contemporáneos del Siglo de Oro, plasmó en su obra la Conquista del Nuevo Mundo, mezclando la historia con personajes ficticios con objeto de acercar al público español las expediciones hispanas que cruzaron el Atlántico. Para lo que se basó tanto en los cronistas de Indias como en relatos de viajeros no siempre fieles a la realidad. En “El Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón” sobresalen el enfrentamiento entre fe cristiana y paganismo, puesto de manifiesto en tres momentos de la obra: el sueño de Colón que confirma su futuro viaje, el momento de la evangelización del indio en el que la simbología de la cruz juega un papel fundamental y, el bautizo de los indios que legitima la conquista.

Sus propias experiencias como infante de marina - “Verdad es que partí de la presencia de mis padres en tiernos años, a sufrir de la guerra la inclemencia...” confiesa en una epístola a don Antonio Hurtado de Mendoza- , el relato de amigos con los que coincidió en la expedición de Las Azores que, como Cervantes, posteriormente combatieron en Lepanto, y las crónicas de la época, fueron elementos que azuzaron a las musas que le inspiraron su famosa obra “La Santa Liga”, basada en “la más alta ocasión que vieron los siglos y verán los venideros”; “la tragicomedia de la memorable batalla de mar - que manifiesta el autor en su dedicatoria- en que fue vencido el Emperador de los turcos Selín, por la Santa Liga del Sumo Pontífice, España y Venecia” en la que, igual que en la anterior, se entremezclan personajes históricos y ficticios, haciendo asequible al espectador el trasfondo y circunstancias históricas en las que se desarrolló la batalla, como cuando pone en boca de don Juan de Austria estas ardorosas palabras:

“Besando la amada tierra
que victoriosos pisamos
de tan milagrosa guerra
en que el poder que llevamos
al Turco del mar destierra,
demos al cielo la gloria,
pues es de Dios la victoria...”

En “La Dragontea”, poema en octavas, repartido en diez cantos, se refiere a la relación histórica, suscrita por la Audiencia de Panamá, de las correrías de los corsarios ingleses Francis Drake y su hijo Richard, y del almirante Thomas Vasvile de la misma nacionalidad, que tuvieron lugar en Canarias, Puerto Rico y Panamá en donde se apoderaron de Nombre de Dios y Portobelo, ciudad ésta última en la que los suyos envenenaron al laureado pirata Drake, tras lo que se retiraron produciéndose la destrucción de su flota por don Bernardino de Avellaneda. En el texto se pone de manifiesto un variado y rico vocabulario náutico, a través del que describe batallas navales, naufragios, preparativos antes de zarpar, órdenes de mando, maniobras:

“Arde el bauprés, mesana árbol, trinquetes,
como si fueran débiles tomizas,
coronas, aparejos, chafaldetes,
velas, escotas, brazas, trozas, trizas,
brandales, racamentas, gallardetes,
brioles y aflechates son cenizas,
amantillas, bolinas y cajetas,
estay, obencaduras y jaretas.”

En la obra, Lope alude al galeón San Juan, en el que formando parte de la Armada Invencible, declara haber escrito “La hermosura de Angélica”: “tomando ya la espada, ya la pluma...”. “La Dragontea” es un ejemplo de la dualidad existente entre lo que fue -historia- y lo que pudo ser -poesía-, fruto de quien tan bien manejó escritura y acero lo que se pone de relieve en la siguiente dedicatoria:

“Quiso la inglesa nación
dejar a España ultrajada,
y a tan altiva intención,
vuestra pluma y una espada
le dan la satisfacción.

El fiero orgullo reporta,
y España porque le importa
por su defensa recibe
pluma que tan bien escribe,
y espada que tan bien corta.”

MAESTRO DE LA MÉTRICA

Lope manejó como nadie la métrica, sobre todo en rimas y sonetos. No hay momento en su vida, vicisitud, estado de ánimo, infortunio o ventura que no haya plasmado en verso, estando el mar, por uno u otro motivo, presente en muchos de ellos. Como cuando recuerda a su reciente desposada en este bellísimo romance:

“De pechos sobre una torre
que la mar combate y cerca,
mirando las fuertes naves
que se van a Inglaterra,
las aguas crece Belisa
llorando lágrimas tiernas,
diciendo con lágrimas tristes
al que se parte y la deja...”

Así como cuando rememora la desgraciada expedición marítima que dio al traste con nuestro poderío naval:

“Famosa armada de estandartes llena,
partidos todos de la roja estola
árboles de la fe, donde tremola
tanta flámula blanca en cada entena,

selva del mar, a nuestra visa amena,
que del cristiano Ulises la fe sola
te saca de la margen española,
contra la falsedad de una sirena,

id, y abrasad el mundo, que bien llevan
las velas viento, y alquitrán los tiros,
que a mis suspiros y a mi pecho devan.

Segura de los dos podéis partiros,
fiad que os guarden, y fiad que os muevan:
tal es mi fuego, y tales mis suspiros.”

Niño prodigio, a la edad de cinco años ya leía en lengua romance y latín, antes de los doce componía comedias, hecho que el mismo confirma en su “Arte nuevo de hacer comedias”. Su curiosidad enciclopédica corrió pareja a su gran avidez por la lectura y hábil manejo de la gramática, la retórica y la poesía. Se trata de la pluma más prolífica en lengua castellana que, en muchas ocasiones, para no emborronar sus textos, debió esquivar el insistente balanceo producido en los barcos por las olas; y en otras tantas, muy lejos de la costa, se valió del recuerdo de sus blancas y galopantes espumas para dar contenido y realce a sus hermosos relatos en prosa y verso.