Letras del Mar.Com Viernes, 30 de julio de 2010
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El lenguaje del Mar

La palabra es la materia prima que moldean los escritores y periodistas para materializar sus obras, cuya mayor calidad caracteriza a los buenos artesanos del lenguaje. Y, para sumergirnos en el uso que de la palabra hacen los hombres del mar, no debemos dar avante sin primero precisar si debemos escribir “el mar o la mar”, tema acerca del que se ha discutido en demasía, y sobre el que Eliseo Álvarez Arenas, con su doble autoridad de almirante y miembro de la RAE, ha precisado: “El mar es lo que es; la mar es eso en lo que se está”. El peculiar tecnicismo de cada profesión sirve para matizar y precisar conceptos y cosas que el vulgo no siempre entiende, pero que al especialista le son imprescindibles, y en igual medida al que pretenda escribir sobre determinada materia, como es el caso de quien se incursione en el mundo marítimo, que cuenta con uno de los vocabularios propios mas amplios, entre los que el lenguaje español es de los mas ricos. Prueba de ello son las recopilaciones de términos marinos llevadas a cabo desde la Edad Moderna. El primer vocabulario marítimo se imprimió en México en 1587, como anexo a la Instrucción Náutica de Diego García del Palacio. Con posterioridad, algunos documentos, como en el siglo XVII el “Vocabulario de los nombres que usan los hombres de mar en todo lo que pertenece a su arte” de Sebastián Fernández Gamboa, o el “Derrotero del mar Mediterráneo”, recogían numerosos vocablos geográficos y términos usados por gente de mar, entre los que sobresalen los referidos a utensilios, pertrechos y aparejos. Pero hasta llegado el siglo XIX no existió un auténtico código lexicográfico, cuando en 1831 se publicó el primer “Diccionario Marítimo Español”, editado por el Depósito Hidrográfico, dirigido por Martín Fernández de Navarrete, y que contenía 584 páginas, mas 188 de vocabulario francés e inglés. Con posterioridad vieron la luz otros, como el editado por Miguel Lobo en 1862, o los dedicados a especialidades, cual el de Montilla de Comercio y Navegación de 1849, el de Bacardí de Derecho Marítimo de 1861, o el de Construcción Naval de Monjo, hasta llegar a nuestros días en los que sobresale el de José María Martínez Hidalgo, que al presentar su obra dice: “Las gentes de mar y las dedicadas a las actividades marítimas, tienen un lenguaje propio muy extenso, eufónico y de característicos matices. No es solo el repertorio de una de tantas técnicas, ni simple vocabulario profesional. Además de esto, es toda una expresión de una forma de ser y de vivir”, lo que sintetiza magistralmente el meollo y entorno en que se desarrolla el “habla del mar”: estribor, ballestrinque, trinquete, jarcia, amura, escoben o escotilla son algunos de sus miles de vocablos privativos. También debemos tener en cuenta matices en relación con el lenguaje cotidiano, como que a bordo de un barco no hay más cuerda que la del reloj, el resto son cabos, calabrotes, obenques, drizas, escotas o estachas.

Partiendo del repertorio lexicográfico de carácter marítimo, y ampliado con las materias de índole científico, industrial, económico, histórico y humano que nos brinda el mar, aparecen los diccionarios enciclopédicos marítimos, que son un vademécum de conocimientos sobre la materia. Aquí debemos nuevamente referirnos a José María Martínez Hidalgo que con su “Enciclopedia General del Mar” marcó un hito, hasta el momento no igualado, en la recopilación y divulgación tanto del lenguaje como de la cultura marítima.

En paralelo con los términos y la palabra, en el ambiente marinero ha surgido un idioma muy peculiar, que en algunos casos ha transcendido sus fronteras para instalarse en el hablar cotidiano: “ir viento en popa”, “contra viento y marea” “o soltar amarras” son frases hechas de uso diario. Muy próximo se encuentra el refranero, sobre todo en lo referido a los pronósticos meteorológicos: “Animales perezosos tiempo tormentoso”, “cuando el sol se pone rojo, es que tiene lluvia en un ojo”. Aunque también los hay privativos de las faenas marineras, como los que dicen: “en navegación costera, marca, sonda y corredera”, “maniobra comenzada nunca debe ser variada” o “la maniobra es imprudente si de popa es la corriente”. También existen reglas y órdenes rimadas como las normas para evitar abordajes: “Si ambas luces de un vapor/ por la proa has avistado/ debes caer a estribor/ dejando ver tu encarnado”; u órdenes como “alza arriba/ trinca el coy/ coy a la batayola, lo que indica levantarse, recoger la hamaca en la que se duerme y colocarla debidamente. El humor, la picardía y la sorna también están presentes en la parla del marino: “A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento”, “hay moros en la costa”, o “lancha sin cubierta, sepultura abierta” son algunos ejemplos.