EL MAR LEJANO
“La fuente aleja su cantata.
Despiertan todos los caminos…
Mar de la aurora, mar de plata,
¡qué limpio estás entre los pinos!
Viento del Sur, ¿Vienes sonoro
de soles? Ciegan los caminos…
Mar de la siesta, mar de oro,
¡qué alegre estás sobre los pinos!
Dice el verdón no sé qué cosa…
Mi alma se va por los caminos…
Mar de la tarde, mar de rosa,
¡qué dulce estás entre los pinos!”
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
EL MAR DE JUAN RAMÓN

El primer viaje a América de Juan Ramón Jiménez, de quien ahora conmemoramos el cincuenta aniversario de su Nobel de Literatura, marca una etapa en su vida, en la que se produce un hecho fundamental: el descubrimiento del mar como motivo trascendente, del que las estrofas de “El mar lejano” son testimonio elocuente acerca del simbolismo que, sobre la vida, la soledad, el gozo y el eterno tiempo presente, encierra el océano. Se inicia asimismo una evolución espiritual en la que le lleva a buscar la trascendencia. También los conocedores de Juan Ramón ven el cenit de su lírica en “Animal de fondo”, el poema escrito durante el verano del 48, precisamente, durante su viaje en barco de Buenos Aires a Nueva York.
De la misma manera, el mar ha sido escenario en el que José Manuel Caballero Bonald ha recibido la noticia de la obtención del Premio Nacional de Poesía por su “Manual de infractores”. A bordo de un velero, el poeta gaditano recordó que había naufragado dos veces en su vida, y bromeó sobre un tercer naufragio que le llevaría a la eternidad. Caballero Bonald, antes de dedicarse plenamente a su labor literaria, estudió Náutica en la escuela de Cádiz y perteneció a la Milicia Naval Universitaria. Una grave afección pulmonar le retiró de su carrera de marino.
CICATEROS CON LAS GESTAS Y GENEROSOS CON LAS DERROTAS

Tras pasar un tupidísimo velo por delante del olvido generalizado, al que ha estado sometido el “V Centenario del Fallecimiento de Colón”, en el que ha brillado por su ausencia la celebración de un acto de relieve, como el llevado a cabo año pasado con motivo del “Bicentenario de Trafalgar” – está visto que nos van más las heroicas derrotas que las gestas gloriosas - , debemos referirnos a dos actividades realizadas en ambos lados del océano que en cuatro ocasiones atravesó el Almirante.
“Las dos orillas” es una exposición organizada por el Ayuntamiento de Ávila, que ha querido compensar el desbalance existente en el fasto a recordar, justificando su presencia en ésta efemérides - en la que la capital no tuvo un especial protagonismo - por varias razones, pero principalmente por el símbolo que representa el Real Monasterio de Santo Tomás, sobre cuya fachada su arquitecto trazó una impresionante H, en recuerdo y homenaje de los pueblos que conforman la Hispanidad; así como por la partida de su recinto de muchos frailes pioneros en la prédica del Evangelio por aquellas tierras recién descubiertas. Lejos de los testimonios de cartón piedra exhibidos en la vallisoletana Casa de Colón, la muestra recoge tanto piezas que recuerdan directamente al Descubridor y su época como a las tierras por él descubiertas.
De otra parte, la República Dominicana es en sí un recuerdo vivo y permanente de Colón quien, al darse a la vela en su viaje a la Eternidad en Valladolid el 20 de mayo de 1506, expresó el deseo de que allí recalase su cuerpo mientras que su alma rendía cuentas ante el Sumo Hacedor. Y allí, en un emotivo acto celebrado el pasado 12 de octubre en el Faro a Colón, representantes de la Fundación de las Letras del Mar y de la Real Liga Naval Española tuvimos ocasión de recordarle cuando, con toda la pompa que el momento pedía, se abrió la urna que contiene sus discutidos restos, para que pudiésemos orar por su alma, mientras que la Marina de Guerra Dominicana le rendía los honores que en España se le han escatimado.
EL ÚLTIMO VIKINGO

Hace ahora cien años que Roald Amundsen logró, lo que durante siglos muchos otros habían intentado: abrir el Paso del Noroeste, la ruta que, desde Noruega, sortea las islas del norte de Canadá hasta el Pacífico. Amundsen había iniciado su viaje el 16 de junio de 1903 en el puerto de Christiania, para bordear Groenlandia, escurrirse entre las islas del norte de Canadá y doblar el estrecho de Bering, hasta desembocar en el Pacífico. Siete hombres se embarcaron en el Gjoa para esta expedición y seis sobrevivieron a las montañas de hielos a la deriva, las tempestades del Ärtico y a los tres inviernos que la tripulación pasó en los páramos blancos del norte de Canadá, hasta que el 31 de agosto de 1906 vislumbraran el puerto de Nome, en la costa occidental de Alaska.
Un mes más tarde, el 29 de septiembre, el ingeniero español Leonardo Torres Quevedo, valiéndose de un transmisor de ondas hercianas, instalado en el bilbaíno Club Marítimo del Abra, consiguió mover a distancia una embarcación no tripulada sobre las aguas del Nervion, entre el Puente Colgante y el muelle de Arriluce.
Medio siglo después, otro paso entre mares centraba la atención mundial. La crisis de Suez del otoño de 1956, iniciada en julio con la nacionalización del Canal por los egipcios, sumió en problemas a la navegación por esta vía acuática, hasta que en diciembre se replegaron las fuerzas en conflicto e intervinieron los cascos azules de la ONU.
De otra parte, el otro gran canal, el canal de Panamá, ha sido recientemente motivo de una noticia de índole contrario: al contar con el rotundo respaldo de la ciudadanía panameña, convocada a referéndum para aprobar la ampliación de la ruta canalera, mediante la construcción de un tercer juego de esclusas, que permita una mayor fluidez en el tránsito de naves, así como el paso de buques de mayores dimensiones entre el Atlántico y el Pacífico.
LA MORADA DEL LECTOR
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El libro es al lector lo que la embarcación al marinero: su morada. El libro es morada en la que refugiarse en momentos de la vida en los que necesitamos ayuda, consuelo, entretenimiento, o una guía que nos señale el camino para navegar por los mares literarios, entre olas de palabras y remansos de letras. También entre sus paredes, como si se tratase de afluentes, nacen obras de teatro, guiones de cine que refuerzan con la imagen los muros de papel sobre los que se asienta tan trascendente herramienta cultural.
Nuestra Fundación Letras del Mar ha querido recordar en su pasada tertulia del mes de octubre a uno de ésos constructores de moradas, en las que muchos nos hemos refugiado en nuestros años de juventud: Jack London. Primer vendedor de “best sellers” de la Historia, marino, cazador de focas, cuyas experiencias marineras dieron como resultado relatos carentes de bellas nativas o parajes paradisíacos, presentando, por el contrario, un inhóspito y despiadado mar del Sur, lleno de mosquitos, indígenas brutales, enfermedades y calor agobiante. No obstante, sus relatos atraen al lector, igual que ocurre con el protagonista de su famosa obra “El lobo de mar”, como si fuera un cazador a la busca de cobrarse una buena pieza.
Y ya que de libros hablamos, tenemos como novedades editoriales “El Urania y el Giralda” libro del que es autor Alejandro Anca, en el que se cuenta el historial de ambos buques al servicio de la Familia Real española, que constituyeron auténticas embajadas flotantes en las que se trataron muchos temas trascendentes de nuestra historia pasada. El libro descubre un sin fin de sucesos y anécdotas acerca del acontecer de ambas naves.
La editorial Noray lanza dos novedades con motivo del Salón Náutico de Barcelona: “Los nudos”. Un libro en el que se describe la forma de llevar a cabo el nudo más adecuado para cada momento y faena marinera, de la mano de sus autores Steve Judkins y Tim Davison, y “El Desafío. Memorias de un filibustero”, en el que se narran las aventuras y andanzas de Martín Zúñiga, capitán del clíper El Desafío quien, en 1888, zarpa de La Habana para realizar un viaje que esconde un oscuro negocio, lo que le llevará a luchar con los elementos y otros peligrosos aventureros
De otra parte, Lunwerg, tras el éxito obtenido en 2002 con “El Mar”, acaba de editar “Planeta Mar” de Philip Plisson. En el mismo se recogen 180 fotografías suyas, tomadas desde el cielo o junto al agua reviviendo la fuerza del mar y la grandeza de sus elementos, acompañadas de textos de Christian Buchet que hace balance de los desafíos que en la actualidad tiene el medio marino.
Y siguiendo con el tema de los libros, la Fundación Letras del Mar ha estado de fiesta, ya que varios de sus miembros, y personas de su entorno, han sido galardonados con los Premios Virgen del Carmen, que concede la Armada española, y que en la presente edición han estado presididos por el contralmirante Teodoro Leste, Director del Instituto de Historia y Cultura Naval. Así tenemos que el “Premio del Mar”, para libros, ha recaído “ex aequo” en Luis Delgado Bañón –medalla de plata de San Telmo del presente año – por su obra “El Navío Príncipe de Asturias. Trafalgar”, y por nuestros consejeros Agustín Ramón Rodríguez y José Luís Coello Lillo, coautores con Camil Busquets y Albert Campanera de “Los submarinos españoles”.
Y PINTURA DEL MAR

Los premios Armada de Pintura han correspondido: el Primer Premio a José Manuel Fonfría por “Fragata Álvaro de Bazán corriendo un temporal con mar arbolada”, y el Segundo a Juan Ángel Sáiz Manrique por su obra “Hierro nº 1. Noray”.
La pintura ha tenido un punto de encuentro en unión con la escultura en Villagarcía de Arosa, de la mano de los artistas ferrolanos Carlos Barcón y Rafael Nadales, dos veteranos que, en el marco de la “XXIV Semana de Estudos do Mar”, expusieron parte de su obra. Y los incansables ferrolanos, forofos como nadie de las letras del mar, han convocado con carácter nacional el Premio de Poesía sobre la Mar, “Brisa Marina 2006”.
Los amantes de Sorolla – el pintor más amado por el público español – han tenido la oportunidad de contemplar parte de su obra, junto con la de Sargent, en el madrileño Museo Thyssen, pudiendo descubrir al gran pintor de temas marinos, como “La vuelta de la pesca”.