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Boletín Fundación Letras del Mar
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Nº 12 octubre 2006
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Querido lector
Las olas de la caleta, que es plata quieta,
rompían contra las rocas de aquel paseo
que al bamboleo de aquellas bocas
allí le llaman El Malecón
ANTONIO BURGOS
MUSAS DE PUNTA EN BLANCO

Tengo el regusto de estas estrofas de Las Habaneras de Cádiz -
a las que puso letra Antonio Burgos y música el malogrado Carlos
Cano que, aún desde el pasado mes de julio, se alojan en mi
cabeza como fondo musical de ése inolvidable espectáculo,
propiciado por la llegada de forma masiva de los grandes veleros a la que
José María Pemán bautizó como La Novia del Mar.
Esos barcos son hoy mis musas puestas de punta en blanco que, al hilo de
la Regata 2006, evocan tiempos pasados, como cuando desde La Habana allí
arribaban el Cristóbal Colón, el Montserrat o el Cabo Buena
Esperanza, y en el muelle esperaban a los embarcaos los coches de caballos,
para llevárselos de fiesta. Fiestas que consistían en pasar
por la calle La Rosa o la del Aguaucho, coger a artistas como El Churringui,
El Niño de la Isla, Chiclanita, Antonio el Mellizo o el mismísimo
Pericón de Cádiz y, en vez de meterse en un cuarto, empezar
a dar vueltas por to Cai, pa que la gente viera que fulano de tal se había
metío de fiesta y llevaba tres o cuatro artistas.
El pasado 26 de julio llegaron a La Tacita de Plata hasta 76 barcos que,
con sus cascos, sus mástiles y sus jarcias, recordaban la época
dorada de ésta puerta grande que unía la Península
con las tierras españolas de ultramar. Viejos amigos como el Sagres,
Amérigo Vespucci, Capitán Miranda, Mir, o Christian Radich
se mecían junto a los muelles, embelesados ante un gentío
que, como antaño, se había metió en fiesta para dar
la bienvenida a la Tall Ship´s Race, que celebraba el medio siglo
de la organización de la primera regata internacional de grandes
veleros; creada para promocionar la vela de instrucción: lo que inculca
entre la gente joven el valor de trabajo en equipo y el liderazgo, a la
vez que enriquece sus vidas sociales y laborales.

Ese mismo día llegaba a la bahía gaditana su ojito derecho,
el Juan Sebastián Elcano, que finalizaba allí su LXXVII viaje
de instrucción, en vez de hacerlo en Marín, como es habitual,
ya que quiso sumarse a ésta Regata del Cincuentenario. Motivo de
más para que la alegría inundara el puerto gaditano. Ese puerto
al que, según contaba Enrique el Morcilla, un día llegó
otro barco cargado de partituras flamencas, a las que uno las había
puesto soleá, a otras seguiriya o malagueña. Y así
hasta llenar un fardo que, al abrirle, los quillos cayeron en la cuenta
de que lo que contenía era cante del bueno. Cogieron del bulto lo
mejorcito, lo cerraron y lo mandaron pa Jerez, y allí pasó
igual. Los jerezanos se quedaron con unas cuantas partituras, nuevamente
lo cerraron y lo mandaron p´arriba, pa Sevilla. Y así fue viajando
hasta que se quedó vacío; pero lo verdaderamente bueno se
había quedado en Cádiz
COMBATES CONTRA LA PERTINAZ SEQUÍA

Y, mientras, en la Capital y en otros muchos rincones del Reino, los
españoles combatiendo a la, ya pertinaz, sequía: con los litros
de agua arrojados por la Cofradía Marinera de Vallecas en su tradicional
Batalla Naval; tomando baños en ríos, pantanos y piscinas;
dando paseos en barca por el Retiro; tomando las aguas en un balneario de
moda; o emprendiendo un viaje peculiar como los que remontan la Tierra de
Campos, navegando por el Canal de Castilla; surcando por itinerarios literarios
como los diseñados para conmemorar el 50 aniversario de la muerte
de Baroja; embarcándose en las puestas en escena por el Teatro Clásico
de Mérida, con Ulises como protagonista; o siguiendo las huellas
de Colón por las tierras castellanas de Ávila o Valladolid.

Otros muchos españoles se han dado a la mar de la sombrilla y el
chiringuito, han estrenado estatus de cruceristas, recorriendo el Mediterráneo
a bordo de barcos gigantescos atiborrados de turistas todo incluido, y muy
pocos serán los elegidos que se hayan asomado a nuestras antípodas
para recordar a los navegantes españoles que, hace cuatrocientos
años, fueron los primeros en avistar las costas del cabo de York:
la Expedición Torres Quirós. Quirós iba al mando de
la capitana San Pedro y San Pablo, de 150 toneladas, y Váez de Torres
en la almiranta San Pedro de 120 toneladas, a las que acompañaba
un patache, lo que componía una pequeña flota llamada Los
Tres Reyes. El 3 de mayo de 1606, Quirós fondeó en una isla
que primero bautizó como Cardona, en memoria del duque de Sessa;
nombre que días más tarde cambió por el de Australia
del Espíritu Santo, en honor de la Casa de Austria y aludiendo a
la mítica Terra Australis Incógnita. Un temporal separó
su expedición por lo que tuvo que regresar a Acapulco, y Váez
de Torres siguió rumbo a Manila, avistando por primera vez el cabo
de York (Australia) frente a Nueva Zelanda, e inaugurando una ruta por el
estrecho de Torres, así bautizado en su honor.
VUELVE EL PIRATA CON MÁS CAÑONES POR BANDA

La canción del pirata vuelve a las librerías, con el resto
de la producción de José de Espronceda, a través de
la edición de las obras completas de éste autor, con más
cañones por banda, ya que es la más completa llevada a cabo
de la totalidad de la producción literaria del escritor natural de
Almendralejo.
Un siglo después de que Colón descubriese América,
en 1595 partió del puerto peruano de El Callao una expedición
compuesta por cuatro naves y cuatrocientos tripulantes, con el objetivo
de conquistar las Islas Salomón, descubiertas 27 años antes
por Álvaro de Mendaña, que también estaba al frente
de esta fuerza expedicionaria, pretendiendo establecer una base en los Mares
del Sur, entre Perú y Filipinas. El viaje se convirtió en
una dramática aventura, en la que pereció Mendaña,
poniéndose al mando de la misma su esposa Isabel Barreto, que de
esta forma se convirtió en la primera almiranta española.
Lo que es contado de forma novelada por Robert Graves en Las islas de la
imprudencia que, escrita en 1949, ha formado parte de La Historia de España
de Novela a Novela que se distribuyó con el diario ABC del pasado
8 de julio.
El danés Tycho Brahe, aún no siendo tan conocido como Galileo
o Copérnico, fue quien sentó en el siglo XVI los pilares de
la astronomía moderna, en base a registrar los movimientos de los
planetas sobre todo Marte- y las estrellas. Con todos sus cálculos
escribió Astronomiae instauratae Mecánica o Mecánica
de la Astronomía renovada, que se convirtió en el primer
libro sobre cálculos exactos acerca de los movimientos celestes,
que ahora edita San Millán, con todo lujo de detalles, para deleite
de astrónomos y aficionados.
La nao Santa María es, sin duda, el barco más famoso del mundo,
no obstante ser una nave pequeña sin nada sobresaliente en su estructura.
Marcelino González, capitán de navío y subdirector
del Museo Naval, en su reciente obra de éste título, aparecida
dentro de la colección Barlovento, de la editorial La espada y la
pluma, nos cuenta de forma sencilla, aunque no exenta de rigor, tanto la
historia de la capitana de Colón, como de las varias reconstituciones
que, a lo largo del tiempo, se han realizado de las mismas. La obra es un
homenaje personal del autor a Cristóbal Colón, con motivo
de conmemorarse este año el quinto centenario de su fallecimiento.

Un buen amigo portugués, Carlos Mesquita, marino y asiduo colaborador,
nos ha hecho llegar un libro escrito en la lengua hermana, titulado O cruzador
República na China en 1925, 1926 y 1927, que tiene un doble valor:
de una parte el histórico, ya que se trata de una narración
personal salida de la pluma de quien fuera Comandante en Jefe de las Fuerzas
Navales Portuguesas en Extremo Oriente, el almirante Guilherme-Ivens-Ferraz,
de los sucesos ocurridos durante la guerra civil china y los conflictos
con las potencias extranjeras, vividos de cerca a bordo del navío
portugués; de otro lado, la obra tiene una gran carga afectiva ya
se trata de una reedición de la primera, aparecida en 1932, que ahora
ve la luz gracias al empeño de su nieto, nuestro amigo Carlos.
Otro pirata que ha vuelto este verano es el capitán Jack Sparrow,
interpretado por Johnny Depp en la segunda parte de Piratas del Caribe,
que se ha convertido en la película más taquillera del año,
por lo que ya esta en marcha la tercera entrega de esta serie. En la recién
estrenada, Sparrow se ve atrapado en otra red de intrigas sobrenaturales.
A pesar de que ya se ha levantado la maldición de la Perla Negra,
una amenaza todavía mas aterradora se cierne sobre el marino y su
avezada tripulación, ya que al parecer tiene una deuda de sangre
con el legendario Amo de las Profundidades del Océano, que capitanea
el fantasmal Flying Dutchman, al que ningún otro barco puede igualar
en velocidad, ni tampoco en botines apresados. Para los viejos aficionados:
nada que ver con las de Errol Flyn.
Al hilo de la película, ha aparecido un disco doble de música,
titulado Rogue´s Gallery, que recoge las canciones que cantaban y
bailaban los piratas ingleses, interpretadas por un largo elenco de artistas
encabezados por Bono, Lou Reed, Nick Cave, hasta totalizar treinta y ocho
de estrellas de la canción actual.
CON EL AGUA AL CUELLO
Hay una máxima cinematográfica que dice que: si puede arder,
derrumbarse o hundirse, ruédalo: y siendo fiel a la misma el Poseidón,
después de treinta años ha vuelto a rodarse, para voltearse
nuevamente. Otra vez, la fiesta de fin de año a bordo de un barco
de lujo se ve truncada por una ola que golpea brutalmente a los pasajeros,
de los que un reducido grupo sobrevive a la tragedia entre el caos y la
oscuridad. A pesar de que su director, el alemán Wolfgang Petersen,
ha insistido en que ha hecho una película nueva, el termino remake
es el que más ha salido de la pluma de críticos y comentaristas.
Poseidón forma parte de una larga estela de películas en las
que se hermanan los términos catástrofe y mar, dentro de la
que sobresalen: Titánic, y todos sus antecedentes como SOS Titánic
o La última noche del Titán; y a las que acompañan
otras como Náufragos, El enigma se llama Juggernaut o La tormenta
blanca; sumándoselas este verano A la deriva, basada en un hecho
real, en el que seis amigos, tras pasar unos días en un yate, se
tiran al agua sin dejar lista la escalerilla para subir nuevamente a bordo,
en donde han dejado a un bebé, lo que sume a intérpretes y
público en una angustiosa situación.

Y es que los barcos dan sustos, como el que dio en Málaga la réplica
del Santísima Trinidad, construida como reclamo turístico,
con capacidad para 904 pasajeros, en el que un accidente, ocurrido el día
de su inauguración, terminó con la vida de un hombre al caer
sobre él una pasarela. El barco, réplica del original, también
conocido como El Escorial de los Mares, por ser el navío mayor de
su época, tiene 70 metros de eslora, y cuenta con una superficie
útil de 2.500 metros cuadrados distribuidos en cuatro puentes. La
nave, para cuya construcción se han invertido 3 millones de euros,
quedará atracada de forma permanente en el puerto andaluz.
La prensa también daba cuenta el 15 de julio del fallecimiento de
David Bright, presidente de la Asociación Americana de Supervisión
del Andrea Doria, como consecuencia de una descompresión, seguida
de un ataque cardiaco, cuando subía a la superficie, tras haber descendido
al lugar en donde se hundió en 1956 el trasatlántico italiano,
punto considerado como el Everest del buceo, ya que se encuentra a 61 metros
de profundidad. Bright, con anterioridad, había llevado a cabo con
éxito dicha operación en 120 ocasiones.

Al norte de nuestra Península, el popular hostelero asturiano Tito
Fernández era intérprete de un hecho relacionado con el coleccionismo
marítimo, al recibir la Medalla del Museo de Anclas Philippe Cousteau,
que le ha sido entregada por la Cofradía de la Buena Mesa de la Mar
de Salinas, como reconocimiento por la labor que viene desarrollando como
artífice de una exposición de instrumentos náuticos
de las más importantes de España.
Cordiales saludos. Manuel Maestro.
Presidente.
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