Fundación Letras del Mar
Boletín Fundación Letras del Mar Nº 6 Marzo-2006

Querido lector


Reconforta leer en la Prensa noticias como la aparecida en ABC, en la que se daba cuenta de las preferencias de lectura
entre los viajeros del Metro madrileño: dónde al parecer no solo se leen periódicos gratuitos y “best sellers”. Según el periódico: un tercio de los mismos son literatura sin adjetivos, y a la cabeza de los temas que más interesan se encuentran los históricos. Barriendo para nuestro terreno, en el estudio estadístico, entre los preferidos, aparecen nombres de “grandes” de las Letras del Mar, como Alberti,
Conrad o Baroja. Y es, precisamente, Pío Baroja el personaje central de ésta entrega de nuestro boletín, que llega a nuestras páginas con motivo del cincuentenario del viaje al que partió, a través del Laberinto de las Sirenas, en busca de Shanti Andía, el capitán Chimista y los “pilotos que están en las alturas”. Un cordial saludo.
Manuel Maestro. Presidente de la Fundación Letras del Mar



“La voz del mar es un clamor de furia
de paroxismo. En el temblor del agua,
con espasmos de amor y de lujuria,
tal vez un mito divinal se fragua…”

Enrique Díaz Canedo



BAROJA: DEL BAVÍO CANTÁBRICO AL ESTANQUE DEL RETIRO


El próximo 30 de octubre se cumplirá el cincuenta aniversario del fallecimiento de Pío Baroja, una de las más destacadas figuras de nuestra literatura contemporánea: efemérides que la política nacionalista trata de diluir, por lo que es justo que nuestras páginas se anticipen, modestamente, en el recuerdo que merece tan preclara figura de la narrativa marítima en español.

Baroja nació en San Sebastián y pasó en Madrid la mayor parte de su vida, alternando sus estancias con Vera de Bidasoa. Aquí estudió la carrera de Medicina, escribió gran parte de su obra literaria, murió, y el parque del Retiro guarda el recuerdo de quien fuera uno de sus más asiduos paseantes, que allí huía, desde 1940 cuando regresó de Francia tras la Guerra Civil, de toda actividad pública, salvo la propia de miembro la Real Academia Española, a la que había accedido en 1935. Seducido desde niño por el veneno literario, se sentaba en el sillón de su casa y desenroscando su pluma estilográfica llenaba cuartillas de unos textos en los que resaltan incidentes y personajes muy bien trazados, destacando la fluidez de los diálogos y descripciones impresionistas que denotan la narrativa de un novelista adiestrado en no aburrir.
Su tierra natal y el mar son temas que, muchas veces, se superponen en su obra. “El haber nacido junto al mar me gusta: me ha parecido siempre un augurio de libertad y de cambio”, comenta cuando se refiere a la casa donostiarra en dónde nació. Las estampas marineras del muelle viejo de San Sebastián forman parte importante de sus recuerdos infantiles, a lo que debe unirse la tradición familiar materna, ya que por la rama de los Goñi existen ancestros que fueron hombres de mar de los que hacían la ruta a Filipinas por el Cabo de Buena Esperanza. Las lecturas de las aventuras del capitán Marryat - marino inglés que influyó en el Galdós de Tafalgar -, y las de las novelas de Julio Verne y Stevenson aportaron un importante caudal de cultura e inclinación marítima en los textos de Baroja.

La serie de cuatro obras conocida como “novelas del mar”, que se inicia en 1911 con “Las inquietudes de Shanti Andía”, a la que sigue en 1923 “El laberinto de las sirenas”, cerrándose con otras dos, publicadas en 1929 y 1930, “Los pilotos de altura” y “La estrella del capitán Chimista”, son las más características y conocidas. Se trata de relatos de aventuras que tienen al océano como espacio argumental, lo que no agota la presencia en su obra del mar, que está presente en muchos de los textos barojianos, desde sus primeros relatos “Vidas sombrías”, publicados en 1900, en cuyos cuentos aparecen paisajes y estampas de pescadores con las aguas del Cantábrico como fondo. Pero en Baroja podemos contemplar el Atlántico o el Pacífico por un lado, y, por otro el Mediterráneo. En unos tenemos el riesgo y el peligro, y en el otro la tradición y el paisaje que lo constituye; como el descrito en “El Mayorazgo y Marina” o en “El convento de Monsant”, en el que subraya su calma cuando se refiere a la villa de Ondara: “nacida del beso suave de la tierra con el mar”.
Si embargo, el mar de don Pío es el de la aventura: Shanti. Andía lo describe muy bien cuando señala que, para el pescador o el marinero es enemigo y sin embargo, llena su existencia y hace su felicidad; el mar es un tirano que engaña y adula, ahoga y seduce. Pero, “para nosotros los marinos de altura, el mar es principalmente una ruta, es casi exclusivamente un camino. ¡Pero qué camino!”. Los pobladores del mar de Baroja son marinos de altura, aventureros que ejercen el cabotaje y, si llega el momento, la piratería. Ingredientes propios para que “Las inquietudes de Shanti Andía” fuese apta para el cine: una “rara avis” en un país en el que si no abundan las obras literarias en las que el mar es protagonista, la penuria se agudiza, aún más, en la producción cinematográfica de la que Pío Baroja tuvo una idea más positiva que el resto de sus contemporáneos de la Generación del 98.

CAPITANES INTRÉPIDOS Y TENIENTE ARRIESGADA

Y, puestos a casar literatura del mar con el cine, este año tenemos otra efeméride a conmemorar: los setenta años de la muerte, el 18 de enero de 1936, de Rudyard Kipling, Premio Nobel, cuyos libros siguen cautivando por su frescura y viveza, nostálgico de la vida de acción en parajes remotos. Como la que llena el argumento de “Capitanes Intrépidos”, en la que el océano sustituye a la jungla de su obra más famosa: “El libro de la selva”. En ésta no hablan los animales, sino las descripciones que Kipling hace de las olas, la tormenta, la madera hinchada de la cubierta, el crujir de los aparejos o los gritos de la marinería.

Al llevarse al cine en 1937, una interpretación insuperable de Spencer Tracy – que recibió un oscar al mejor actor -, un marinero portugués que acoge paternalmente a un despótico niño rico perdido en alta mar al caer desde un barco de lujo, robó protagonismo al autor de la obra en la que se basó un guión artífice de que la dura vida de los pescadores quedase fija en el recuerdo de muchos más espectadores que lectores.

Y los capitanes intrépidos nos traen el recuerdo de una teniente esforzada donde las halla: “La teniente O´Neill” personaje llevado al cine por la actriz Demi Moore, que ha residido los últimos meses en España, para algo más sencillo: rodar un spot publicitario. Más complicado fue el rodaje de la película que sirvió para frenar los movimientos machistas que pretendían poner veto al ingreso en las fuerzas navales de las mujeres: una apuesta arriesgada a base de mucha gimnasia, “codos” y rapado pelo incluido. Mucho más complejo que su otro papel de teniente de la US Navy en “Algunos hombres buenos”, con el que, de la mano de un papel de oficial jurídico de la Marina, llegó el nacimiento de la gran estrella.

NOVEDADES EDITORIALES

Con la reedición de “El negro del Narcissus” Joseph Conrad, grande entre los grandes de la narrativa marítima, vuelve a los escaparates que nunca ha abandonado. Se trata de un viaje en el velero Narcissus de Bombay hacia Inglaterra en el que se embarca un negro gigante que, a pesar de estar muy enfermo, logra hechizar a toda la tripulación incluido el capitán, dentro de una trama de misterio magistralmente tejida por Conrad.
“Mar cruel” de Nicholas Monsarrat es otra novela con el trasfondo histórico de los convoyes del Atlántico durante la II Guerra Mundial, que vuelve a reeditarse. En ella asistimos a los padecimientos de los hombres que, a bordo de los buques ingleses, sufrieron no solo los ataques de los submarinos alemanes sino del encrespado océano.
En “Cargadores de Indias y marinos. Los la Rosa” Juan Miguel Tejeiro nos describe todo el mundo que rodeaba la Carrera de Indias: las ferias de Cartagena y Portobelo, la navegación en los galeones, la actividad del puerto de Cádiz y los combates navales que incidieron sobre la ruta de las américas, como Trafalgar, la Guerra de la Independencia y la Primera Guerra Carlista. Todo ello visto a través de la actividad, durante casi tres siglos, de los La Rosa, familia gaditana de comerciantes y marinos.
“Mares sin ley. Caos y delincuencia en los mares del mundo”, de William Langewiesche, es un detallado informe de la situación en que se encuentran los océanos, hoy día surcados por miles de barcos que transportan todo tipo de mercancías con una gran independencia. Muchos sin lealtad a bandera alguna y cambiando de identidad y nacionalidad a su voluntad. Lo que da como resultado naufragios, contaminación, explotación y piratería.
“Los vascos y la pesca de la ballena” de Mariano Ciriquiain Gaiztarro narra las tareas de pesca, derechos y pleitos, supersticiones y leyendas engendradas alrededor de los balleneros vascos en Terranova hasta la extinción de ésta industria en nuestro país.
Para los amantes del cine acaba de aparecer en DVD “Náufragos” la película de Alfred Hitchock, en la que el mago del suspense presenta un microcosmos de la guerra a través de unos personajes que viajan en un barco, que al ser torpedeado por un submarino abandonan en un bote, a bordo de cual surge un curioso muestrario de la fauna humana, moldeado por la lancha a la deriva en un mar enfurecido.