Fundación Letras del Mar
Boletín Fundación Letras del Mar Nº 1 Octubre-2005

Querido lector

Con la presente entrega iniciamos la andadura definitiva de nuestro boletín "Letras del Mar", a través del que mantendremos vivo el espíritu de nuestra Fundación, que no es otro que el de acercar al ciudadano al mar con ése extraordinario vehículo que es la lectura.
La estructura del mismo estará basada en un artículo relativo a un tema de la prensa y literatura marítima, que guarde relación con la actualidad - en el presente sobre Trafalgar- y un resumen de novedades editotiales o bibliografía recomendada.
A través del mismo se tendrá acceso a nuestra página web www.letrasdelmar.com, por medio de la que puede obtenerse una amplia información sobre nuestra entidad, la prensa, literatura y música del mar, así como establecer conexiones con otras páginas relacionadas con el mundo editorial,publicaciones, bibliotecas y un amplio etcétera. Lo que paulatinamente se irá ampliando: el mes próximo, con las cien mejores poesías del mar,inauguraremos nuestra "Biblioteca Virtual del Mar".
Un cordial saludo.
Manuel Maestro
Presidente de la "Fundación Letras del Mar"




TRAFALGAR EN LAS LETRAS ESPAÑOLAS


“…Del cañón el horrísono estampido
Por el agua ondulando se prolonga,
Chasca el cable partido;
Zumba la bala por el aire vago,
Y en el grueso combés con furia choca,
Abriendo a las espumas ancha boca…”

Juan Creagh de Lacy


Poco tiene que ver nuestra actual prensa con la que en 1805 dio cuenta de los antecedentes, desarrollo y consecuencias de Trafalgar, batalla de la que ahora conmemoramos su doscientos aniversario. La inexistente prensa del corazón no pudo dar noticia de la tragedia que supuso para lady Hamilton la desaparición de Nelson, y los diarios, atenazados por el cordón sanitario que les mantenía alejados de las ideas de la vecina Revolución francesa, se limitaron a reproducir los partes enviados por nuestros marinos a Carlos IV y Godoy, magnificando la astilla en ojo inglés, en la misma medida que minimizando la viga en el ojo franco-español. Pero para la historia y la literatura españolas, el informe que el almirante Escaño redactó en nombre de Gravina, relatando las primeras noticias de la contienda naval, reproducido en diarios como “La Gaceta de Madrid” o “El Mercurio de España”, tienen la primacía sobre lo que, adobado de realismo, fantasía o lírica, en los dos siglos siguientes nos pasaron como legado los escritores españoles, algunos de los cuales lo hicieron tan solo transcurridos unos pocos días, como es el caso de la odas de José Mor de Fuentes, Manuel José Quintana o María Rosa de Gálvez, en las que pueden encontrarse las raíces del concepto de “gloriosa derrota”. Así como lo hicieron otros autores menos conocidos, o plumas de combatientes que plasmaron bellas estrofas como la que encabeza este artículo, de las que es autor el coronel Juan Creagh de Lacy, que las envió mediante carta fechada el 29 de octubre de 1805, plasmando fielmente sus impresiones personales sobre el duro espectáculo vivido.
Un amigo de Benito Pérez Galdós e hijo de Antonio Alcalá Galiano, brigadier muerto en Trafalgar, pudo ser la referencia con su “Historia de España” y “Recuerdos de un anciano” para su “Episodios Nacionales”, que arrancan con “Trafalgar”. Episodio publicado en 1873 que rápidamente se convirtió en un éxito editorial sin precedentes, ya que con mas de cuarenta ediciones ha estado siempre a la venta desde esa fecha hasta nuestros días. Galdós se sirve de su obra como instrumento para hacer despertar la identidad nacional española. En el concepto galdosiano, el pueblo tiene tanta independencia que se puede distinguir del gobierno y de los líderes de su propio país. Reflexiones a las que llega al principio del relato del combate: “Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el rey y su célebre ministro…Pero en el momento que precedió al combate comprendí todo lo que aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió paso en mi espíritu…me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria…”
Puede decirse que la novela histórica del autor canario ha eclipsado al resto de la, por otra parte no demasiado abundante, producción literaria e histórica sobre el tema, cuya síntesis bibliográfica ha sido exhaustivamente recogida por José Antonio Ocampo en la Revista de Historia Naval. Destaca entre ella la obra histórica de Pelayo Alcalá Galiano que, bajo el título de “El combate de Trafalgar”, se publicó por entregas en la Revista General de Marina durante la conmemoración del primer centenario en 1905, y ha sido reeditada éste año en forma facsimilar.
Ya en los albores de la fecha clave del 21 de octubre de 2005 han venido apareciendo obras importantes, tanto en el terreno del ensayo histórico como de la narrativa novelística, en relación con la que podemos considerar última batalla de la Edad Moderna o primera de la Edad Contemporánea. El “Corpus documental conservado en los archivos españoles” sobre la Campaña de Trafalgar, cuya obra recopilatoria se debe a José Ignacio González-Aller, será referencia obligada para los historiadores del futuro por su valioso contenido de carácter enciclopédico. Como lo es con carácter monográfico el estudio sobre “Los navíos españoles de la batalla de Trafalgar”, del que es autor Juan Carlos Mejía Tavero, que gira alrededor de los planos y documentada descripción de 15 naves españolas que intervinieron en la batalla, lo que nos sitúa en el potencial bélico y marinero de la época, y en el uso que se hizo de la misma. “Trafalgar y el mundo atlántico”, de la que son coordinadores Guimerá, Ramos y Butrón, es una recopilación de ponencias presentadas en el coloquio internacional celebrado en Cádiz el año 2002, que sirvió como prólogo de la presente conmemoración, en el que distintos autores presentaron el marco político y económico de la época, las características de la guerra naval de aquél tiempo, el Cádiz de inicios del XIX, y los ecos que quedaron de la batalla. José Cayuela y Ángel Pozuelo en su “Trafalgar. Hombres y naves entre dos épocas” trazan una intensa reflexión histórica entre el acontecer anterior y posterior de la contienda, ahondando en las claves estratégicas, militares, económicas, sociales y políticas que envolvieron el devenir de aquellos tiempos. Agustín Ramón Rodríguez González en su “Trafalgar y el conflicto naval Anglo-Español del siglo XVIII”, pone las cosas en su sitio, a través de un recorrido sobre los conflictos entre ambas potencias en el que, entre otras, contrapone la figura de Blas de Lezo, con su defensa de Cartagena de Indias, a la de Nelson para demostrar el saldo equilibrado que arrojaron los mismos.
En la línea iniciada por Galdós en sus “Episodios Nacionales”, en el umbral conmemorativo han visto la luz dos novelas históricas: una, con bastante menos éxito, el “Trafalgar” de José Luis Corral, y otra, seguida del que ya es habitual para Arturo Pérez Reverte, autor de “Cabo Trafalgar”. La primera pasada de páginas y datos para una obra de éste cariz, y la segunda con una dimensión óptima, bien estructurada, documentada y de fácil lectura para el profano en temas navales, pero con un recargo de palabras malsonantes y fuera de la época que nada bueno aportan a la obra. Algo que las líneas finales de la misma te hacen olvidar, ya que Pérez Reverte narra magistralmente la escena en la que un prototipo de tripulante anónimo:“sin trabajo ni profesión conocida salvo la de pícaro, contrabandista, rufián y buscavidas… se envuelve la bandera roja y amarilla… y se pone a trepar por los obenques, mientras todos los ingleses del mundo… apuntan con sus mosquetes y le disparan… hasta que por fin Marrajo llega a la boca del lobo de la cofa, y allí, las manos temblando, con uñas y dientes, como puede anuda la bandera y ésta se despliega en la brisa, y desde el navío inglés llega el clamor de los enemigos que lo vitorean”.




LAS NUEVAS LETRAS DEL MAR DE OCTUBRE



Al magro literario con sabor a Trafalgar, al que hemos dedicado el presente número, sirven como el pan para conformar como si fuese un al bocadillo dos obras, en las que se recogen los antecedentes y parte de los consecuentes de la batalla. La primera es el tratado histórico, del que es autor José María Blanco Núñez, “La Armada española en la segunda mitad del siglo XVIII”, editada por Izar - que completa otro anterior referido a la primera mitad- en el que se recogen todos los aspectos relativos a la consolidación llevada a cabo en organización e infraestructuras, en una etapa en la que se construyeron los buques y se formaron los hombres que hubieron de luchar contra Nelson, y que está enmarcada entre los reinados de Fernando VI y de Carlos IV. A lo largo de su lectura se concluye que España, finaliza la Edad Moderna y, entra en la Contemporánea con un material excelente, buenos arsenales y astilleros, mejores ingenieros, buena reglamentación, pero “la causa del desastre debemos rebuscarla mas en los forros políticos del Estado que en la conciencia profesional de unos oficiales entregados con ilusión al Real Servicio”, según afirma el autor.
El contrapunto a la anterior viene de la mano de José Cervera Pery que, con su libro titulado “El Panteón de Marinos Ilustres”, editado por el Ministerio de Defensa, nos presenta el que sin duda es el túmulo funerario que encarna la otra cara de la columna londinense sobre la que se asienta la figura de Horacio Nelson. Ya que en el panteón de San Fernando reposan los restos de Gravina, Álava, Valdés y Uriarte: y Churruca, Alcalá Galiano y Alsedo son recordados por sendas lápidas. Pero no queda aquí la obra, pues Cervera hace un extenso recorrido por la biografía de todos los marinos ilustres que allí se encuentran enterrados o son recordados de alguna otra manera; así como por el devenir del proyecto y materialización del templo que, dentro de la que fue Ciudad Militar de San Carlos, formó un conjunto con el edificio de la antigua Escuela Naval Militar y hoy acoge a la Escuela de Suboficiales,.
De tres obras, de las que es autor el prolífico Alejandro Anca, –miembro de nuestro consejo asesor- hacemos hoy referencia: “Cantabria y la Armada”, editada por la “Asociación de Veteranos de la Armada”, en la que se hace un importante repaso de la relación que, desde la Marina de Castilla a la última visita del Juan Sebastián Elcano, han mantenido los cántabros con nuestra Marina de Guerra, haciendo hincapié en el trascendente papel que tuvieron en la construcción naval española los astilleros de aquellas riberas. Editado por “La espada y la pluma” ha visto la luz “El crucero Cardenal Cisneros”, en el que descubrimos el historial de un barco tremendamente interesante, ya que debía haber sido el principal exponente de nuestro resurgimiento naval al alborear el siglo XX, pero que sin embargo tuvo un trágico final. Del mismo autor es “El historial de la corbeta Tornado”, obra merecedora del Premio Josep Ricart i Giralt, que también se refiere a la historia de un buque de nuestra Armada; precisamente de la corbeta que, tras una larguísima existencia, tuvo una vida rica e intensa, ya que nacida para intervenir en la Guerra de Secesión Americana, 75 años después, y tras una gran actividad, acabó sus días siendo sede del Asilo Naval Español: obra debida al insigne capitán de la Marina Mercante a quien está dedicado el premio recibido por Anca Alamillo.
“La espada y la pluma”, dentro de su colección Barlovento, también acaba de publicar “La fragata blindada Numancia”, de la que es autor Marcelino González, en la que se relata la historia del buque blindado que fue pionero en muchas cosas: primero de su tipo que entró en combate ; primero que portó electricidad a bordo; y primero que dio la vuelta al mundo. Pero, además, se trataba de un buque que tuvo una vida dilatada, a lo largo de la que participó en numerosas comisiones y misiones de guerra, entre otras en la del Pacífico, demostrando la capacidad de los nuevos acorazados tras las desastrosas experiencias de otras naves similares.
De titánica podemos calificar la “Historia de la Navegación Comercial Española”, editada por Puertos del Estado, y de la que es autora Elena María Ruiz Romero de la Cruz, ya que se trata de una obra de dos volúmenes que arrojan un total de 1400 páginas, a lo largo de las que se recogen y analizan los tráficos marítimos portuarios, lo que pone en evidencia la importancia que tienen nuestros puertos en el desarrollo de nuestra economía y comercio exterior. La obra comprende información sobre 27 autoridades portuarias, su historia y evolución, recogida tras un capítulo introductorio en el que se describen los conceptos básicos del marco institucional.