Letras del Mar.Com Viernes, 30 de julio de 2010
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La Mar en sesión continua

Primer pase

Manuel Maestro
Presidente de
“Letras del Mar.com”



“Nuestro invento no es para
venderlo. Puede ser explotado
algún tiempo como una
curiosidad científica, pero no
tiene ningún interés comercial”
“Antoine Lumiere”



No me sorprendería – escribió Bernard Shaw – si el cinematógrafo y el fonógrafo resultan los inventos más revolucionarios desde el advenimiento de la escritura y la imprenta. Lo que hoy podemos confirmar, ya que la imagen y el sonido se han convertido en los principales suministradores de alimento espiritual para vastos sectores de la humanidad. Sin embargo, ateniéndonos a los datos económicos, los ingresos de taquilla de los cines han experimentado en España un descenso de 7,5 millones de espectadores durante los ocho primeros meses del año; y las salas han pasado de 1.126 a 987 en ése mismo periodo de tiempo. Por el contrario, los videojuegos dejaron más de 800 millones de euros frente a los 691 millones de los cines. Lo que muestra el avance creciente de las extensiones tecnológicas en la batalla silenciosa contra la gran pantalla, iniciado por la televisión en la década de los sesenta del pasado siglo. Tan solo las palomitas, refrescos y golosinas, - que han sustituido al “bombón helado Frigo de nata y chocolate, las patatas fritas y los caramelos de antaño -, con sus mayores márgenes, compensaron a los industriales del ramo de las salas a medio llenar.

Éste adiós paulatino a los cines nos llena de nostalgia a quienes, – según recordaba en un reciente número de ésta revista - siendo muy niños, tuvimos la oportunidad histórica de entrar en el mundo de la cultura con los inventos de Gutenberg, y de los Lumiere, artífices de la construcción de ésos espacios, casi litúrgicos, a los que todos los jueves acudíamos, puntualmente, para participar en la ceremonia cinematográfica semanal, celebrada en sesión continua con el ritual del programa doble.

Tebeos y películas que a muchos nos acercaron al mar hasta entonces no conocido. El Mar (La mer) que, con ése escueto título, ya estuvo presente en la primitiva filmografía de los hermanos inventores de ése milagro técnico, muy poco tiempo después de sus producciones pioneras La Salida de los Obreros de la Fábrica o La Llegada del Tren: sencillas tomas que sorprendían al espectador por el movimiento; y que muy pronto tuvo a Una barca saliendo del puerto como simple y atractivo argumento para la época; que se fue sofisticando cuando Promio, operador de los Lumiere, descubrió por azar el trascendente efecto del traveling, mientras paseaba en una góndola por Venecia, con lo que la cámara sintió el deseo de moverse. Posteriormente, Méliès lanza las conocidas como actualidades reconstruidas, aportación fantasiosa al periodismo gráfico, que se inicia con siete episodios de la guerra greco-turca, con su combate naval pacientemente reproducido con la ayuda de maquetas. Género que, en 1898, arraigó en Estados Unidos con la serie seudo-documental sobre el acorazado Maine. Éste pionero del cine, lo convirtió en pujante espectáculo con películas tan caras y ambiciosas como 20.000 Leguas de Viaje Submarino o A la Conquista del Polo. La conocida como Escuela de Brighton que se inició con las tomas de las escenas naturales de la famosa playa inglesa; el cine de pantomima con El Navegante de Búster Keaton; el canto viril de dos marineros en Una Novia en Cada Puerto de Howards Hawks; El Arca de Noé de Cecil B. de Mille; y El Acorazado Potemkin de Eisestein, con su silencio, fueron algunos de los títulos con los que el mar se fue haciendo un lugar importante en la historia del cine, al que los hermanos Warner le dieron voz en 1926.

Y EL CINE ABSOLVIÓ AL PIRATA

Toda película tiene como embrión un guión literario o argumento, imaginado por un escritor, o bien tomado y adaptado de un hecho histórico, una novela u obra de teatro. En definitiva, es el milagro de la transformación de las letras de un texto en imágenes. Por tanto, el ensayo, la comedia, el drama, la tragedia, el musical y todos los géneros y subgéneros literarios tienen cabida en sus argumentos.

Los productores que quieren acercarse al mar y los barcos han acudido, con frecuencia, a guiones que les brindan las grandes obras de la literatura como: El Arca de Noé de Stephen Jones, inspirada en el Libro de los Libros; Ulises en la que Carlo Ponti y Dino de Laurentis necesitaron la participación de siete guionistas para que Silvana Mangano y Kirk Douglas reviviesen al héroe de La Odisea; Simbad el Marino en la que Douglas Fairbanks protagonizó las aventuras orientales del singular navegante.

También lo hacen de la mano que les ofrecen las efemérides históricas, como ocurrió en 1992, con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, año en que vieron la luz dos producciones sobre aquella gesta: 1492: la Conquista del Paraíso dirigida por Ridley Scott e interpretada por Gérard Depardieu; y Cristóbal Colón: el Descubrimiento con Georges Corraface y Marlon Brando al frente del reparto. Otras veces, novelas como El Vikingo de Edison Marshall mueven a un guionista como Calder William a escribir un texto que sirva para llevar a la pantalla la obra que relata las aventuras de las hordas vikingas capitaneadas por un vigoroso Kirk Douglas, actor que empeñó su fortuna personal en la construcción de las naves y el alquiler de la isla noruega en que se rodó.

Pero, donde más se ha apoyado el cine en la literatura para sus guiones es en las películas de piratas: género que ha absuelto a ésa laya de criminales, convirtiéndoles en héroes: como los salidos de la pluma de Emilio Salgari, uno de los autores más leídos del mundo. Marino que, tras perder el barco que mandaba en una tormenta, cayó victima de las fiebres, lo que le llevó a la silla desde la que escribió sus relatos, entre los que descuellan los que protagoniza Sandokán: su héroe más popular nacido para el cine en 1941 con Los Estranguladores y Los Piratas de la Malasia; logrando su mayoría de edad en 1961, cuando Steve Reeves encarna el papel de Sandokan en el film del mismo título; revalidado con la serie para televisión que en los 70 interpretó el hindú Kavir Bedi. Adaptaciones del mismo autor tuvieron también como tema a los corsarios en títulos como La hija del Corsario Verde, - en la que el campeón de boxeo Primo Carnera interpretó el papel de El Cabezo-, El hijo del Corsario Rojo, El Corsario Negro; y corsarios, hijos e hijas de corsarios de todos los colores.

Otro italiano, Rafael Sabatini, escritor de numerosas obras de capa y espada, también fue el padre de muchas películas del género, como la celebérrima El Capitán Blood, cuya primera versión cinematográfica data de 1924; a la que siguió en 1935 la más célebre interpretada por Errol Flyn, pirata entre los piratas, que a su salida a escena arrancaba tanto los mayores aplausos de los chavales, como los mas estruendosos pataleos cuando durante la proyección se cortaba la cinta o el sonoro. Flyn protagonizó El Halcón del Mar, y su vástago, Sean, asumió en 1962 el papel principal de El Hijo del Capitán Blood. Otro guaperas de la época, Tyrone Power, dio vida en la pantalla al El Cisne Negro, también obra del insigne autor, basada en el tan famoso como no grato Morgan.

Robert Louis Stevenson, hijo de un ingeniero naval buen contador de historias, tuvo una vida de aventurero que le sirvió para sus creaciones literarias. Sin duda, el fijar su residencia en la isla de Samoa fue decisivo para que escribiese la más famosa de sus producciones literarias: La Isla del Tesoro, llevada tantas veces a la pantalla desde 1920; interpretada en su primera versión por Lon Chaney, conocido como el hombre de las mil caras por sus antológicas caracterizaciones, entre las que sobresale precisamente la de John Silver, personaje al que también dieron vida: Wallace Beery en 1934, y Orson Welles en 1972; destacando la interpretación de Robert Newton en la versión producida por Walt Disney en 1950. La Hija del Pirata en 1947, El Señor de Ballantry, también interpretada en 1953 por Errol Flyn, o los Contrabandistas de Monfleet con Stewart Granger al frente del cartel en 1955, también contaron con la inspiración de la obra del autor escocés.

Como podemos comprobar, el cine se ha fijado desde sus comienzos en el fenómeno histórico de la piratería, desfigurando la imagen de quienes vivían del botín conseguido del prójimo, presentándoles como bandidos generosos, a través de un subgénero incardinado en el de las películas de barcos, que tuvo su máximo esplendor en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, y que nunca ha desaparecido; contando con matices como la variante referida a los bucaneros de la isla de la Tortuga, encarnada en Viento en las Velas, con Anthony Quinn y James Coburn como principales interpretes ; o la de humor representada por El Temible Burlón, que en 1952 nos mostró a un atlético, ágil y simpático Burt Lancaster; o a los contemporáneos Piratas del Mar Caribe de Cecil B. de Mille, en la que se narran las sofisticadas operaciones de bandas de ésta calaña que, para apoderarse de sus mercancías, hacen embarrancar a las naves en la desembocadura del Misisipi.

Film que, pese a su título, podíamos encuadrar dentro de otro: el de contrabandistas que tiene su máximo exponente en Gavilanes del Estrecho, dirigida en 1953 por Raoul Walsh que basó su guión en la obra de Víctor Hugo. En la década de los sesenta los filibusteros comienzan a hacer mutis, reapareciendo en 1986 con Piratas de Román Polansky que resultó un fiasco comercial, igual que en 1995 el de La Isla de las Cabezas Cortadas con Geena Davis como protagonista. Sin embargo en el 2003 Piratas del Caribe. La Maldición de la Perla Negra resultó ser un éxito de taquilla, ocupando el cuarto lugar en el mundo por recaudación. Algo que a los asiduos de la sesión de las cuatro de los jueves nos parece inverosímil.

HÉROES Y VILLANOS A BORDO

La otra cara de éstas películas de aventuras está representada por los grandes señores de los mares, como los surgidos de la pluma de C.S. Forester que creó el personaje de Horacio Hornblower, al que en 1951 dio vida Gregory Peck en El Hidalgo de los Mares, en la que se reproducen fantásticas batallas navales ambientadas en la época napoleónica, no superadas hasta medio siglo después con el estreno de Master and Commander, también surgida de la obra del prolífico Patrick O´Brian, en la que se relatan las aventuras del capitán Jack Aubrey, encarnado por Russell Crowe. Ambos filmes resaltan la amistad, nobleza y valor de la guerra en el mar, a la par que nos suministran la dosis de fantasía que diariamente necesitamos los humanos.

Joseph Conrad, grande entre los grandes de la literatura del mar, comenzó a publicar por capítulos Lord Jim, que terminó en novela, pasando posteriormente a la pantalla en dos ocasiones: una en 1925 de la mano de Víctor Fleming; y otra en la que cuarenta años más tarde el actor Peter O´Toole nos presenta al personaje torturado por una cobardía que solo logra remontar tras un acto heroico. Esta película dentro del rubro de aventuras del mar podríamos encuadrarla en un subgénero muy amplio y variado protagonizado por los lobos de mar: marinos mercantes aventureros que surgen con la aparición de los buques de vapor; cuya cara amable la encontramos en el Clark Gable de Mares de China, donde el hombre de las orejas más famosas del cine debe enfrentarse, nada menos, que a una violenta travesía y, además, a la codicia y la pasión de dos enamoradas. La cara desagradable por antonomasia es la de Edward G. Robinson en su papel estelar de El Lobo del Mar, un film de los más sórdidos y claustrofóbicos que tienen al océano como telón de fondo.

Si con El Acorazado Potemkin se inicia un género al narrarse, sin sonido, uno de los motines más famosos y trascendentes del siglo XX, el sonoro nos trajo cuatro versiones de otro que marcó la vida de la marina británica a finales del XVIII. La Tragedia de la Bounty fue en 1935 la primera adaptación cinematográfica de las novelas escritas por Charles Nordoff y James Norman Hall, basadas a su vez en un hecho real: la sublevación de un grupo de marineros durante una larga travesía por los mares del sur. A ésta, le siguió en 1962 otra con el título de Rebelión a Bordo, en la que el papel del capitán Blight y de su segundo Christian Flectcher fueron interpretados por Trevor Howard y Marlon Brando. Durante el rodaje de la película, Brando protagonizó un motín similar al del argumento, ya que quiso variar el personaje interpretado por Gable en la versión anterior. En 1985 se filmó un remake bajo el título de “Motín a Bordo”, con Anthony Hopkins y Mel Gibson en los mismos papeles. Motín en el Defiant con Alec Guinnes y Dirk Bogarde, también en 1962, siguieron los mismos pasos con parecido argumento, pero distinto resultado. Con una cierta similitud al tema de Rebelión a Bordo tenemos Su Majestad de los Mares del Sur, en la que Burt Lancaster interpreta el papel del capitán O´Keefe, abandonado en el mar por su tripulación, que se ha amotinado contra él para quedarse con el barco; pero, a la deriva, el marino consigue llegar a una isla paradisíaca. Amistad de Steven Spielberg nos muestra una variante, en la que los amotinados son un grupo de esclavos que logran tomar el barco de sus captores en la lucha por su libertad. En La Nave de los Condenados podemos acompañar a James Mason, Alan Ladd y Patricia Medina a bordo de un barco cargado de presos que zarpa de Londres rumbo a Nueva Gales del Sur. El Motín del Caine, en la que Humprey Bogart asume el papel estelar, se basa en la mas famosa de las rebeliones contemporáneas del celuloide impregnado de salitre; si bien la mayor parte de la película transcurre en la sala en la que se celebra el consejo de guerra, originado por la insumisión de la oficialidad del buque ante las contradicciones de su comandante. Personaje que llega a poner nervioso al espectador por su continuo juego con tres bolitas, que mueve continuamente entre los dedos de su mano.

LA AVENTURA CONTINUA

La interpretación del Caine le supuso a Bogart una nominación al Oscar, lo que consiguió con otro papel antológico: en éste caso encarnando la figura de un marinero de agua dulce, patrón de La Reina de África de John Ford, película a caballo entre la comedia y el cine de aventuras en la que, con Katharine Hepburn, recorre un río africano hasta llegar, tras muchas peripecias, al lago Uranga Bora, en el que consiguen hundir un patrullero alemán. Fitzcarraldo de Werner Herzog, tiene también un río como referente de su guión: el Amazonas y sus selvas colindantes, a través de cuyas aguas y montañas es transportado un yate de grandes dimensiones. La acción de El Yang-Tse en Llamas nos hace viajar por otro de los grandes ríos del planeta. Su guión basado en la novela homónima de Richard McKennan nos presenta a un jovencísimo Steve Mcqueen, a bordo de la veterana patrullera San Pablo, durante las revueltas habidas en China mientras la ocupación americana de principios del siglo XX.

Las islas gozan de un prestigio basado en la creencia de que cuanto más aislado estés mejor, lo que no concuerda con lo que ocurre en la filmografía robinsoniana, que tiene como protagonistas a quienes, por una razón u otra, las habitan en solitario, como es el caso reciente de Náufrago, en la que Tom Hanks pasa cuatro años en una isla olvidada del Pacífico, hablando con una pelota de voley; o la de la familia encabezada por John Mills, que de la mano de Walt Disney con Robinsones de los Mares del Sur revivió en 1960 a estos héroes forzosos, por medio de la aventura vivida durante un viaje en barco a Nueva Guinea, su naufragio y desventuras en una isla desierta a la que llegan tras ser atacados por los piratas. Náufragos es otra de las cintas antológicas de éste tipo: se rodó en 1944, y transcurre casi, íntegramente, en un bote salvavidas tras el hundimiento de un barco durante la Segunda Guerra Mundial.

Las películas de buzos tienen, teóricamente, la ventaja de que no hay que buscar grandes figuras para interpretarlas. La escafandra resuelve todos los problemas de la mímica, y así al actor le basta con bracear y mover lentamente sus zapatones. En éstas películas los auténticos extras son los peces, y las verdaderas estrellas los pulpos gigantes, como el de Piratas del Mar Caribe de Cecil B. de Mille, o el de Duelo en el Fondo del Mar interpretada en 1953 por Robert Wagner y Terry Moore, dedicados a la busca de esponjas, pero condenados a luchar con el cefalópodo gigante. Aunque también tenemos casos de biólogos marinos como los de Conspiración Bajo el Mar, dirigida en 1987 por Michael Brun; o la más reciente Hombres de Honor, interpretada por Cuba Gooding y Robert de Niro, en la que se resaltan los valores y utilidad de éstos profesionales de las profundidades en las marinas de guerra. Profundidades que, como en el caso de Viaje al Fondo del Mar, interpretada en 1961 por Walter Pidgeon y Joan Fontaine, están cubiertas de hielo; al igual que ocurre en Estación Polar Cebra, aunque en ésta última la llegada Rock Hudson y Ernest Borgnine al Ártico es a bordo de un submarino nuclear que rompe bruscamente la corteza helada.

Todo el cine es fantástico, pero no todo el cine es Cine Fantástico. Éste género tiene como fundamento una serie de sucesos extraordinarios que el espectador debe admitir como ciertos en la ficción, a pesar de no creer en ellos en la vida real. ¿En qué consiste el loco encanto del cine fantástico?. Decía Goya, en uno de sus Caprichos que el sueño de la razón producía monstruos. En lo que respecta al cine en el mar tenemos muestras de éste tipo en películas como: La Mujer y el Monstruo de Jack Arnold realizada en 1954; La Ciudad Sumergida de Jacques Turner en 1965, en la que aparecen bestias sumergidas en el océano; o bien otras en las que los monstruos están humanizados, como los que surgen en La Isla de las Almas Perdidas, realizada por Erle C. Kenton en 1932; o el de Kraa, el Monstruo Marino que nos presenta a un ser misterioso que ataca sin piedad a la Tierra para destruirla, siendo la única solución a éstos ataques la intervención de un grupo intergaláctico. Kevin Costner protagonizó en 1995 una película de éste tipo, Waterworld, en la que toda la Tierra se encuentra cubierta de agua, por lo que tiene que luchar por sobrevivir en barcos destartalados e improvisadas ciudades flotantes. En 2002 Steve Back dirigió El Barco Fantasma, basada en las desventuras de la tripulación de un remolcador dedicado al rescate de buques, que encuentra un barco abandonado cargado de seres y sucesos misteriosos. Ya en 1959 Gary Cooper y Charlton Heston habían encabezado el reparto de Misterio en el Barco Perdido, en la que descubren a un tripulante escondido en una nave abandonada, para impedir que los propietarios del buque estafen a la compañía de seguros.

Pero la palma se la llevan los filmes basados en las novelas de Julio Verne que tienen al mar como protagonista, entre los que sobresalen: la versión muda de 1929 de La Isla Misteriosa; la excelente producción realizada en 1954 por Walt Disney de la antológica 20.000 Leguas de Viaje Submarino en la que el capitán Nemo, a bordo del Nautilus, nos transporta por un mundo bajo el agua en el que hay de todo: interpretada por Kirk Douglas y James Mason, obtuvo dos Oscar. Así como las que se rodaron en los sesenta, El Amo del Mundo, La Isla Misteriosa y Los Hijos del Capitán Grant, a las que han seguido diversos remakes que, al ser contemplados por las actuales generaciones, traen el recuerdo de un hombre que supo adelantarse a su tiempo y mantuvo, durante toda su vida, una gran pasión por el mar.

LAS MUJERES Y LOS NIÑOS PRIMERO

Nada más inventarse el cine, el mundo que le rodeaba y la fantasía se apoderaron de él. Así una increíble angustia, e incluso el agobio llegan a los aficionados al cine del mar en los filmes cuyos guiones están centrados en el hundimiento de naves, tanto cuando se trata de guiones fantásticos como los que tienen fundamento histórico. Entre los primeros destaca La Aventura del Poseidón, en la que vemos a Gene Hackman y Ernest Borgnine andar de cabeza, tratando de buscar la salida del barco al que una tormenta ha volteado su casco. Pero el hundimiento por antonomasia llega al cine con el Titanic de James Cameron, que consiguió nada menos que once Oscar, si bien la historia de amor interpretada en 1998 por Leonardo di Caprio la hizo perder el poso histórico que tuvo la primera versión, dirigida en 1953 por Jean Negulesco e interpretada por Clifton Webb y Barbara Stanwyck; a las que siguió en 1958 La Última Noche del Titanic; en 1994 El Hundimiento del Titánic y en 1996 otro Titanic que pasó por las pantallas sin pena ni gloria; o Rescaten el Titanic, una variante que en 1980 recreó, con idéntico éxito que la anterior, el mito del barco hundido a base de una expedición que pretende rescatar de las profundidades un metal poco frecuente, alojado en las bodegas de aquél efímero coloso de los mares.

La Historia nos relata hechos y sucedidos de mujeres que se distinguieron en la guerra y en la literatura. Sin embargo, el cine dice poco de las que tuvieron su protagonismo en el mar: quizás contagiado por la superstición milenaria de que las damas traían mala suerte a los barcos. Jean Peters encarnando el papel de Anne Providence en La Mujer Pirata es una de las excepciones. Se trata de una hembra que, con su barco, el Reina de Saba, siembra el terror en las aguas de las Indias Occidentales. Otra es Yolanda, la Hija del Corsario Negro, personaje de Emilio Salgari al que dio vida May Britt. Más recientemente aparecieron en el mundo de la piratería los sensuales labios de Geena Davis, que en La Isla de las Cabezas Cortadas personifica a Morgan, la hija del pirata del mismo nombre. La atractiva Demi Moore, en uno de los mejores papeles de su carrera, interpreta en La Teniente O´Neil el papel de la primera mujer elegida para formar parte de una unidad de elite de la Infantería de Marina de los Estados Unidos, que ha de soportar el enfrentamiento físico y mental a la que la someten compañeros y superiores.

Los niños más famosos del cine del mar son, sin duda, el simpático Mickey Rooney, y el arrogante Freddie Bartholomew que, en 1937, con Spencer Tracy formaron el cartel de Capitanes Intrépidos. Un grupo de niños, que se trasladan a Inglaterra desde Jamaica, se ve envuelto en una aventura al ser abordados por un barco pirata mandado por Juan Cháves, personificado por Anthny Quinn en Viento en las Velas. Jóvenes adolescentes protagonizan Tormenta Blanca, en la que un viaje de estudios se convierte en una auténtica pesadilla.

Y al llegar a éste punto, lo normal sería poner fin; pero no, nos espera el bar del entresuelo durante el descanso. Como en los buenos tiempos de la sesión continua, luego, en el segundo pase, veremos a Tyrone Power ordenando que suba el periscopio, a John Wayne dando toda avante y al Dúo Dinámico afirmando su vocación marinera al cantar aquello de: ¡Guardiamarina soy!, ¡Qué duda hay!...

Segundo pase

Manuel Maestro
Presidente de
“Letras del Mar.com”



“El Cine es el único arma de
precisión que permite matar
a la Muerte”
“Jean Cocteau”



¡MÁS CELULOIDE, ES LA GUERRA!

El descanso ha finalizado y, cuando las luces se apagan en la sala, el sonido procedente de la pantalla aún se confunde con el del crujir de las pipas y las patatas fritas. Las parejas se acurrucan aprovechando la oscuridad reinante, y los chavales estiran el cuello, a la vez que agudizan el oído para poder contar mañana al compañero de pupitre la película de barcos de guerra que vieron en el primer pase de las cuatro, y que ahora vuelven a ver en el de las siete.

Se conoce cómo género bélico al conjunto de películas que relatan acontecimientos inherentes a las guerras acaecidas tras la Primera Guerra Mundial, y fundamentalmente las que tienen como tema la Segunda Guerra Mundial. Las décadas de los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado estuvieron marcadas por éste conflicto. A tal punto que en 1942 se creó en Estados Unidos un departamento especializado, dependiente de la Secretaría de Defensa, bajo la dirección de Frank Kapra, para justificar la entrada del país en la conflagración y enardecer los ánimos patrióticos de los ciudadanos yankis. También muchos actores y directores se incorporaron a filas: muchos de ellos a la U.S. Navy, lo que trajo consigo que las experiencias vividas en primera persona pasasen posteriormente al celuloide. Fenómeno al que no fueron ajenos el resto de aliados.

Grandes combates como La Batalla del Río de la Plata, en la que se rememora la caza y hundimiento del Graf Spee, cuyo comandante Langsdorff es interpretado por Peter Finch; Hundid el Bismarch en la que se relata la caída del acorazado más temible de la marina alemana; o la reciente Pearl Harbour sobre el ataque japonés que supuso la entrada de los americanos en la guerra, son una muestra de éste género con marcado matiz histórico. Sangre, Sudor y Lágrimas con Noel Coward y John Mills al frente del reparto, Morituri con Marlon Brando y Yul Brynner o La Llave en la que aparece la pareja formada por William Holden y Sofía Loren , De Aquí a la Eternidad con Burt Lancaster y Deborah Kerr, en la que se nos presenta la vida cotidiana de unos soldados que al final son víctimas del ataque japonés a Pearl Harbour; Tener y No Tener con Humprey Bogart; Comando en el Mar de China con Michael Caine; o El Ojo de la Aguja, en la que Donald Sutherland asume el papel estelar, forman un amplio muestrario de éste tipo de cine de guerra en el mar, en el que se rememoran: los sentimientos de náufragos que han visto su barco torpedeado; las peripecias de capitanes mercantes que no se resignan a aceptar las consignas nazis; los amores imposibles de muchos tripulantes; o la versión novelada de episodios históricos; ya que no hay géneros cinematográficos en estado puro, pues la propia naturaleza del cine le hace tender por principio a la mezcla. Más reciente es el caso de Doble Alerta Máxima de Steven Segal, un ejemplo de cine adobado con grandes dosis del sensacionalismo rampante a finales del siglo pasado, en el que se narra el secuestro del acorazado Missouri.

John Wayne es un rostro que aparece, una y otra vez, en las carteleras de los cines de la época, trocando el sombrero de cowboy por la gorra de marino, como lo hizo en Primera Victoria, La Flota Silenciosa, Hombres Intrépidos, El Zorro de los Océanos o No Eran Imprescindibles, amén de en otras muchas en lo que más adelante vamos a analizar como subgéneros.

ABAJO NAVES, ARRIBA AERONAVES, ENMEDIO INFANTES

Escrito Bajo el Sol es la primera muestra que caracterizó a Wayne como versátil marino. En ésta película asume el papel de un piloto que trata de convencer a sus superiores sobre la conveniencia de la Aviación Naval: subgénero que nos lleva a grandes batallas, en las que los portaaviones son los principales intérpretes; como en Tora, Tora, Tora, una de las superproducciones más famosas que se han realizado dentro del cine bélico, en la que los papeles de Kimmel y Yamamoto son interpretados por Martin Balsam y Soh Yamamura. Un extraordinario reparto con Charlton Heston; Henry Fonda, James Coburn, Robert Mitchum y Glenn Ford dio vida a los personajes centrales de La Batalla de Midway, en la que el almirante Nimitz recuperó la moral de los norteamericanos tras el ataque a Pearl Harbour, tan bien reflejado en la anterior, como fantaseado en El Final de la Cuenta Atrás, en la que un portaaviones nuclear entra en el túnel del tiempo que lo transporta al ataque japonés a la base hawaiana, en ésta ocasión en 1981 y con Kirk Douglas al mando del navío. Grace Nelly, muy poco antes de ser coronada princesa, protagonizó en 1955, junto con William Holden, Los Puentes de Toko-Ri, en la que se narra la habilidad de un piloto reservista durante la guerra de Corea. Es la primera gran producción en la que aparecen sobre la cubierta de los barcos los aviones a chorro, y en la que el lenguaje de los pilotos es mas sofisticado, frente a las frases sencillas intercambiadas entre los miembros de las escuadrillas de los cazas a hélice como, Aviones japoneses. Arriba a las cinco: un sistema para hacerse comprender con facilidad y rapidez, situándose en un reloj imaginario, colocado horizontalmente.

En Arenas Sangrientas, en la que se recuerda una de las batallas mas cruentas del Pacífico, hace su aparición la Infantería de Marina, y tenemos nuevamente a John Wayne, ahora como sargento de los marines que en Iwo Jima colocaron la bandera en la cima del monte Suribachi: una de las imágenes más famosas de la Guerra; inmortalizada en una estatua de bronce erigida en Washington. Con las estrellas de teniente coronel aparece, nuevamente, trece años después, encabezando el tremendo reparto de El Día Más Largo, en el que figuran 48 figuras estelares de Hollywood. En la misma se mezclan imágenes de documentales con otras rodadas que muestran los pormenores del desembarco de Normandía. Tema recurrente en otros filmes de menor rango como el 6 de Junio Día D con Robert Taylor y Richard Todd; o en la superrealista Salvad al Soldado Ryan, en la que las tomas y los efectos especiales te inmiscuyen en la escena junto a Tom Hanks, responsable de encontrar a James Ryan, un soldado cuyos hermanos han muerto en el conflicto bélico. En Guadalcanal un jovencito Anthony Quinn es también un infante de marina de los que en aquellas playas del Pacífico lucharon contra: los sempiternos malos de los japoneses; la impenetrable jungla; y las enfermedades tropicales. Raoul Walsh rodó en 1955 Más Allá de las Lágrimas en la que chicos recién salidos del colegio – los esclavos de Huxley- son entrenados para convertirse en auténticos marines; momento en el que el sargento les dice ¡Bien! ¡Ya sois infantes de marina!. Podéis llamarme Jim. En 1993 la Infantería de Marina americana protagonizó otro film, pero del género de juicios: Algunos Hombres Buenos, en la que Tom Cruise, Demi Moore y Jack Nicholson interpretan los distintos papeles de una historia en la que varios infantes son acusados de asesinato.

Las de submarinos son las preferidas dentro de éste género popularmente conocido como de barcos, en las que torpedos, cargas de profundidad y largas vigilias sumergidos mantienen en vilo al espectador. Como cuando Gary Grant en Destino Tokio, Tyrone Power en Tiburones de Acero, o Clark Gable en Torpedo ordenan ¡arriba el periscopio!, ¡inmersión! o ¡zafarrancho de combate!, ante la presencia del enemigo ario o asiático que invariablemente tienen las de perder. Hasta que fue estrenada Duelo en el Atlántico, en la que Robert Mitchum y Curt Jurgens acaban en tablas, por lo que se dijo que, por primera vez, una película americana podría haberla filmado el más apasionado de los directores alemanes. Directores que un año después en 1958, con U 47, Comandante Prien empezaron a quitarse el sambenito de sempiternos perdedores, al narrar la proeza del comandante alemán que entró en la base británica de Scapa Flow. En 1981, basada en una novela de Lotar-Günter Bucheim los alemanes rodaron El Submarino, en la que se expone magistralmente la vida y avatares del interior de éstas pequeñas naves, lo que fue reconocido con seis nominaciones a los oscar. U-Boat y U-571 cuentan fantásticas historias, en las que alemanes y americanos se ven envueltos. Por fin, con Sean Connery y Alec Baldwin en La Caza del Octubre Rojo, y con Gene Hackman y Denzel Washington en Marea Roja podemos sumergimos con los submarinos atómicos durante la Guerra Fría.

UN GIGANTESCO AQUARIUM EN LA PANTALLA

Muchos animales marinos han convertido la gran pantalla en un formidable aquarium. Como es el caso de Moby Dick, basada en la novela de Herman Melville, que da vida a la ballena perseguida por Gregory Peck y Patrick Stewart que encarnan al obsesionado capitán Ahab en las versiones que se hicieron sobre la caza del mítico cetáceo blanco. Oficio, el de ballenero, sobre el que también está escrito el guión de El Demonio del Mar de Henry Hathaway; o al que se dedica la familia de Todos los Hermanos eran Valientes, en la que la MGM se hizo a la mar con un reparto en el que figuran Robert Taylor, Stewart Granger y Ann Blyth. Infierno Bajo Cero nos muestra ya los modernos barcos balleneros a vapor y con cañón para lanzar los arpones, que es manejado hábilmente por Alan Ladd mientras la nave surca las aguas heladas del Polo. Dos cetáceos vengativos surgieron en la década de los sesenta y setenta: Namu, la Ballena Salvaje y Orca la Ballena Asesina, que responden a la muerte de sus parejas con contundentes ataques a sus captores.

Para hacer frente a la caída de espectadores, el cine americano relanzó en la segunda mitad de los setenta sus superproducciones espectaculares. El Tiburón de Steven Spielberg fue la estrella de éste fenómeno, y responsable de que los bañistas entrasen con cautela en las aguas de la playas de Benidorm. Puesto de moda salieron otras cintas con nombres y argumentos parecidos, en los que el ataque del escualo era el plato fuerte: como en el caso de Deep Blue Sea; o en el del gigantesco cocodrilo de mar de Aguas Peligrosas.

Las focas, tan defendidas por Brigitte Bardot, también han saltado a la pantalla en diversas ocasiones. Raoul Walsh en El Mundo en sus Manos, interpretada por Gregory Peck, Anthony Quinn y Ann Blyth, incluyó una considerable dosis de mensaje ecologista en las espectaculares escenas de caza de éstos pinnípedos. En Lobos del Norte, Henry Fonda y George Raft, aparecen como pioneros en la colonización de Alaska, dedicándose a éstos mismos menesteres con una goleta y una factoría. Al igual que los tripulantes del siniestro Ghost que, en la novela de Jack London, llevada al cine por Michael Curtiz, El Lobo de Mar, luchan por esta preciada mercancía.

Los pescadores también están presentes en la antología del cine del mar. Spencer Tracy, al que vimos de joven pescando bacalao en Capitanes Intrépidos, de maduro se convirtió en El Viejo y el Mar, versión cinematográfica de la novela de Ernest Hemingway, en la que el actor americano interpreta el papel de un anciano marinero que, tras una larga temporada sin conseguir un solo pez, logra una captura enorme que le arrastra por aguas caribeñas. La Tormenta Perfecta nos muestra las vicisitudes de los tripulantes de un pesquero que han de enfrentarse a la tormenta más grande jamás vista.

AGUA SALADA PARA TODOS LOS PÚBLICOS

Para todos los públicos son las tres películas que tienen a una orca de tres toneladas de peso, alineada y antisocial, cuya amistad es conseguida por un chaval de doce años que tiene varias cosas en común con el cetáceo; lo que dio lugar a los guiones de Liberar a Willy 1, 2 y 3. El delfín Flipper es un fenómeno parecido: victima de un pescador sin escrúpulos es curado por el joven Sandy que se convierte en su compañero y aliado en la lucha por mantener una adecuada ecología marina.

Con la voz peculiar de Popeye, que acaba de cumplir 75 años, llegó a la pantalla la figura del marino devorador de espinacas y fumador de pipa, que en 1980 interpretó en carne y hueso Robin Willians. Contemporáneo suyo es el Pato Donald, sempiternamente vestido de marinerito. Walt Disney lo llevó a la pantalla en Los Tres Caballeros, amén de en cientos de cortometrajes. Pero lo más importante relacionado con el mar, surgido de la factoría del mago de los dibujos animados, ocurrió en 1953 con Peter Pan, personaje creado por el escritor escocés James Barrie, que mantiene una lucha constante con el Capitán Garfio; un pirata manco y tuerto, como mandan los cánones, cuyo papel representó en carne y hueso Dustin Hoffman en el filme Hook de Steven Spielberg. Sempiterno compañero del héroe creado por el belga Hergé es el capitán Haddock, marino que comparte la mayor parte del protagonismo de Las Aventuras de Tintín, de las que en 1990 Stéphane Bernasconi pasó del dibujo a los personajes de carne y hueso. George Dunning alcanzó fama mundial en 1969 con El Submarino Amarillo, en la que combinó a los personajes de los Beatles con dibujos, colages, trucajes y animación de objetos reales. En 1989 Disney volvió a la carga marina con La Sirenita, y en el 2000 con La Sirenita 2.

SONRISAS Y LÁGRIMAS CON TELÓN AZUL MARINO

Ninguna comparación hay que más al vivo nos presente lo que somos, y lo que hemos de ser, como la comedia. Si no, dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia, a donde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes?, le dice don Quijote a Sancho. Y es que en la comedia está la sal de la vida.

Según los expertos, una comedia cinematográfica es una película que te hace reír o al menos sonreír. Lo que se consigue mediante golpes de humor, que en el cine se llaman gags. Maestro en éste arte fue Búster Keaton, que con su simple cara de palo hizo soltaran sonoras carcajadas los espectadores del cine mudo, como los que en 1924 presenciaron El Navegante. Dirk Bogarde fue Un Médico en la Marina que padeció el mal carácter del capitán Hogg, acentuado por la presencia en su barco de la hija del armador, una Brigitte Bardot que en 1955, en vez de dedicarse a salvar a las focas, se afanaba en volver locos a los hombres con sus famosos destapes. John Wayne y Lee Marvin son dos marineros asiduos de La Taberna del Irlandés, que se pasan el día a puñetazo limpio en un bar de la Polinesia. Dean Martin y Jerry Lewis forman el dúo estelar de Vaya Par de Marinos, y Glenn Ford encabeza el cartel de Vaya Marineros, que con Escala en Haway de Jhon Ford y Operación Pacífico de Blake Edwards representan la cara simpática de las tripulaciones que hicieron la guerra en el mar contra los japoneses. Y para que halla de todo: en Un, dos, tres...Splash, Tom Hanks se encuentra en el mar a una sirena –Daryl Hannah- de la que se enamora perdidamente.

En 1948 Vicente Minnelli con El Pirata pone música a las películas con trasfondo marinero; en la misma aparecen como intérpretes su mujer Judy Garland y un jovencísimo Gene Nelly, que con Frank Sinatra, su pareja de Levando Anclas y Un Día en Nueva York ,crearon el mito de que: donde hay un marinero hay un buen bailarín.

La otra cara de la comedia, la cara seria que se funde con el drama y la tragedia , la encontramos en El Barco de los Locos, en la que Stanley Kramer analiza la personalidad de un grupo de pasajeros durante un viaje en barco. Federico Fellini en Y la Nave se Va nos narra otro viaje, el de un grupo de excéntricos que zarpan desde Italia con los restos mortales de una famosa cantante de ópera: Fellini desmitifica al final el espectáculo, haciéndonos ver que el trasatlántico es un decorado cinematográfico. En Oficial y Caballero, Richard Gere es un joven cadete de marina, que lucha entre su personalidad, el amor y la vocación militar. Y el también jovencito Leonardo di Caprio es la cara aniñada que encabeza el cartel de La Playa, interpretando el papel de un mochilero, que a orillas del mar pasa horas inolvidables de uno y otro signo.

ESPAÑA EN ESTO TAMBIÉN ES DIFERENTE

En España el cine del mar no ha pasado de simple anécdota. En los años cuarenta y cincuenta las versiones cinematográficas de obras como Las Inquietudes de Shanti Andía , Mare Nostrum o Correo de Indias, salidas de las plumas de Baroja, Blasco Ibáñez o Neville son de las pocas muestras dentro del género de aventuras; a la que podemos añadir Neutralidad dirigida por Fernández Ardavín, en la que se relata un viaje de Bilbao a Nueva York a bordo del Magallanes, presidido por la mas rigurosa neutralidad, como recalca el título de la película, en cuyo reparto se encuentran figuras de la época como Jesús Tordesillas, Jorge Mistral, Manuel Luna y Gerard Tichy .

Nuestras grandes gestas marítimas tienen su máximo exponente en Alba de América dirigida en 1951 por Juan de Orduña, en la que el portugués Antonio Vilar encarna la figura de Colón, y se hace una aproximación, en blanco y negro y cartón piedra, al descubrimiento del Nuevo Mundo. La Nao Capitana, en cuyo reparto se repiten nombres de las anteriores como los de Tordesillas, Luna o Mistral, que valían tanto para un roto como para un descosido, narra la ilusión de El Dorado siendo hilo conductor del guión un polizón que consigue ganarse la confianza de los galeotes. La figura del descubridor del Mar del Sur está dibujada en Los Conquistadores del Pacífico en la que se narra el trascendente episodio de la conquista americana. Cristóbal Colón, de Oficio... Descubridor es una coña marinera del prolífico Mariano Ozores, en cuyo reparto aparecen clásicos del cine de los 80 como Andrés Pajares, Juanito Navarro, Rafaela Aparicio o Fiorella Faltoyano.

En 1951 nuestro cine decide redescubrir las américas y, al mando de Pepe Isbert, envía al Monte de Toledo en una Ronda Española con los coros y danzas a bordo, para hacer gala de nuestro folclore más genuino en las repúblicas hermanas. En 1964, con Crucero de Verano, pudimos disfrutar de algo que entonces no estaba al alcance de todos los bolsillos: un viaje por el Mediterráneo a bordo del Cabo San Roque, buque insignia de nuestra flota trasatlántica, en el que viajan Carmen Sevilla y un importante grupo de secundarios famosos como Manuel Alexandre, Pepe Alfayate y Venancio Muro, que se ven involucrados en una inocente trama gansteril.

En Cabo de Hornos Jorge Mistral se adelantó al Hespérides a bordo de un ballenero, en el que toman rumbo a la Tierra de la Desolación, en un viaje que se complica con la intervención de una dama misteriosa. Un buque oceanográfico también pesca en alta mar un salmón que lleva marcadas las iniciales GC, lo que nos lleva con José Calvo y Carlos Estrada en El Gran Crucero a la tierra asturiana que lo vio crecer. Han de pasar muchos años, hasta llegar 1997, para ver a Aitana Sánchez Gijón como La Camarera del Titanic, película dirigida por Bigas Luna, en la que un joven gana un premio, consistente en un viaje durante su primera travesía a bordo del famoso buque.

María Matrícula de Bilbao, interpretada por Alberto Closas y Arturo Fernández, con guión de José María Sánchez Silva – el mismo de Marcelino pan y Vino- y música de Pablo Sorozábal, huye de la maqueta y el decorado y nos lleva de travesía a bordo de un barco mercante, tripulado por sus mismos armadores, en el que se pone a prueba la vocación del alevín de la familia. Es la película por excelencia de nuestra Marina Mercante. Con Alfredo Landa, más tarde, viajamos al África Ecuatorial en la complicada travesía del guión de Bandera Negra.

TIRA LA BOTA, TIRA LA CHANCLA

No por menos importante, dejamos para último el cine que tiene a nuestra Armada como protagonista. En 1968 la Infantería de Marina salta a las pantallas con El Marino de los Puños de Oro en el que hizo sus pinitos cinematográficos nuestra figura del boxeo Pedro Carrasco, con un argumento que está basado en su paso por la Armada, durante el tiempo en que coincidió su servicio militar y la época dorada de su carrera como pugilista. Dos años más tarde, cuando seguía en boga el reclamo de La Marina te llama, Alfredo Landa, con su Cateto a Babor, interpreta la versión marinera del Recluta con Niño de José Luís Ozores; y el Cuartel de Instrucción de San Fernando, - conocido como el 1.500- el Polígono de Tiro Naval Janer y el portaaeronaves Dédalo son la alternativa en color al anterior escenario aéreo rodado, veinte años antes, en blanco y negro.

Pero la película por excelencia de nuestra Armada se debe al guión de José Luís Azcárraga, que sirvió de base para que en la Escuela Naval de Marín se rodase Botón de Ancla en 1948. Película en la que tres amigos, que son una piña – en el film Jorge Mistral, Antonio Casal y Fernando Fernán Gómez-, se ven enfrentados por cuestiones amorosas, lo que es superado al final de la película por la muerte de uno de ellos. Manuel Gil y el Dúo Dinámico fueron los intérpretes de la versión en color que se rodó, con idéntico guión, en 1960. Posteriormente Los Guardiamarinas, dirigida en 1966 por Pedro Lazaga, con el mismo escenario, se acercó mucho a la trama de las anteriores. Y en 1974, Ramón Torrado volvió a la carga con Los Caballeros del Botón de Ancla que se vio eclipsada por las versiones que la precedieron.

Hemos visto repetida la primera película de la tarde, que era de las que más nos gustan: de barcos y, apurando las dos pesetas que nos ha costado la entrada, debemos salir de la sala cuando otra vez los indios atacan el fuerte, ya que a las nueve tenemos que estar de vuelta. Y en el camino a casa, como siempre, entre los comentarios del programa que hemos disfrutado y el del próximo jueves, que ponen Robín de los Bosques y una de Tarzán, seguimos inmersos en ése fantástico viaje en el que todos dimos la vuelta al mundo en 80 aventuras, a bordo de aquellos viejos galeones que eran los añorados cines de sesión continua, impulsados por el celuloide de 35 milímetros, y que todos los jueves transportaban una vociferante e incansable chiquillería que, crecida con el ejemplo de los héroes que aparecían en la pantalla, no se rendía ni a las voces, ni a los fogonazos de la linterna del acomodador.