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ANTÓN LUACES
Es un recurso habitual el echar mano del refranero popular y en este momento, sería fácil aplicar el dicho según el cual Otro vendrá que bueno me hará, y que haría justicia en la persona del hasta hace unas semanas comisario de Pesca de la UE, Joe Borg, recibido con mucha expectación -se trata de un isleño y, por tanto, muy sensible a los problemas de la pesca- y afán de agradar. Su etapa como comisario de Pesca no fue fácil. Y, sin embargo, ha sido capaz de sentar principios como los de la pesca sostenible, las desventajas de las regiones ultraperiféricas, los descartes, los problemas del atún, y un largo etcétera que, para la pesca española, tiene lagunas como el reconocimiento de la importancia de la pesca artesanal o la situación de la pesquería de la anchoa en el golfo de Vizcaya, amén de la reforma de la PPC y la implantación de planes de recuperación en los que, a lo que parece, ni siquiera la misma Comisión tiene grandes esperanza.
El maltés Joe Borg llegó en un momento de baja tensión personal de su antecesor en el cargo, Franz Fischler, a quien se acusó en más de una oportunidad de desconocer la realidad del sector pesquero comunitario. Fischler no dejó muy buen recuerdo entre los representantes de los distintos sectores de la pesca gallega, mientras que Borg despertaba grandes esperanzas, en buena medida por su condición de duro y procedente de una sociedad, la de Malta, que vive muy directamente las consecuencias del mar y de la pesca. Su dureza, no obstante, fue más bien una pantalla: asequible, al tiempo que empecinado, asumió la responsabilidad de la Pesca y la Política Marítima comunitarias en 2004, tras el paso por el mismo departamento de Franz Fischler como elefante en una cacharrería, en el que algunos quisieron ver su degustación del aceite en Andalucía como si se tratara de un pescador ante una copa de aguardiente en aguas de Terranova.
En tres ocasiones Joe Borg tuvo la oportunidad de conocer Galicia -en 2005, en el verano de 2008 y en octubre de ese mismo año- y obtener datos fidedignos de su realidad, con lo que la comunidad gallega no fue para él, ni mucho menos, una desconocida, a pesar de haber preguntado en una ocasión cuánta gente vivía en las bateas mejilloneras (que posiblemente confundió con aldeas lacustres).
En general, y para Galicia, Borg no ha sido tan negativo como Fischler, ni precisó de grandes alardes marítimos como la italiana Emma Bonino. Se va y viene la cretense Maria Damanaki, que procede de la izquierda radical. Ojalá no haga bueno a Borg.
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