|
La reapertura del caladero de la anchoa en el golfo de Vizcaya es la gran noticia de este año para el sector pesquero. Es una medida que avalan los informes científicos pero en el ámbito político ya se habla del 'efecto Damanaki', la nueva comisaria europea de Pesca. La califican como una mujer de armas tomar, la perfecta expresión del carácter helénico en su versión femenina. Al Gobierno griego, con intereses marítimos, le ha gustado el nombramiento, y España y Portugal también lo ven con buenos ojos
MARÍA JOSÉ IGLESIAS | A CORUÑA
El perfil de la nueva comisaria de Pesca y Asuntos Marítimos de la Comisión Europea (CE) amenaza con generar una auténtica marejada política. La griega Maria Damanaki (nacida en Creta en 1952) es ex presidenta del partido radical de izquierda Synaspismos y se ha significado como una de las más destacadas parlamentarias del movimiento panhelénico, el ala izquierda de la política griega que está de nuevo en el Gobierno desde las elecciones de octubre.
El encaje de bolillos de la Comisión Europea, con 27 sillas, ha llevado a su presidente, José Manuel Barroso, a decantarse por una combativa socialista para sustituir al maltés Joe Borg. La política griega tomó el relevo de ese hombre templado, forjado en las filas del Partido Popular, que, a pesar de sus exquisitos modales, no se ha caracterizado por beneficiar a los pescadores de la cornisa cantábrica.
El desembarco de Damanaki en el edificio Berlaymont de Bruselas llegó precedido de una buena noticia: la reapertura del caladero de la anchoa del golfo de Vizcaya a partir de marzo, tras cuatro largos años en los que los cerqueros gallegos no han podido explotar esa pesquería. La base de la reapertura del caladero son los informes científicos que hablan de la recuperación de la biomasa, pero en los pasillos ya se habla del efecto Damanaki, mujer de armas tomar, la perfecta expresión del carácter helénico en su versión femenina.
Damanaki hará una de sus primeras visitas oficiales a España, donde podrá conocer de primera mano los problemas del sector pesquero y, de paso, darse un paseo por el Cantábrico, tan diferente de su Egeo natal. Seguro que no se le acelerará el pulso en medio de una galerna. Fue la voz firme de la diputada griega la que, en 1973, a través de las ondas de la radio de la Universidad de Atenas, hizo llamamientos a los soldados para que desobedecieran las órdenes de sus superiores. La transmisión se vio interrumpida por la entrada de los tanques en la Facultad. Los estudiantes al ver acceder el tanque, seguido de un gran número de fuerzas policiales, tiraron la puerta de la Politécnica y comenzaron a salir en masa. Ella acabó en la cárcel y, según cuentan las crónicas oficiales, torturada por el régimen dictatorial de los coroneles.
Estudió Ingeniería Química, pero pronto dejó los tubos de ensayo por los mítines en la plaza de Syndagma. Llegó a la política con el Partido Comunista. Los años han suavizado algo sus ideas, pero no tanto como para considerarla una mujer de centro. Ha sido candidata dos veces a la Alcaldía de Atenas, en 1994 y en 1998. En 2003, unos meses antes de las elecciones, renunció a su escaño en el Parlamento, por discrepancias con miembros de su partido. Damanaki, igual que el resto de los comisarios propuestos por Barroso, ha pasado audiencias individuales ante el Parlamento europeo, que dio su visto bueno al nuevo equipo del Colegio de Comisarios de la UE, para que fuese confirmado hace dos semanas para empezar a trabajar. Son las normas que impone el Tratado de Lisboa.
No se presagian obstáculos. El reparto de poder se ha diseñado con lupa. Al Gobierno griego, con evidentes intereses marítimos, le ha gustado el nombramiento. España y Portugal, donde gobiernan los socialistas, también lo ven con buenos ojos. La amazona Damanaki, bloguera y asidua de Facebook y Twitter, atraca en Bruselas con el viento a favor.
|