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ANTÓN LUACES
Tres muertos y un herido grave. Un helicóptero de Salvamento Marítimo y, por descontado, el primer susto para la nueva directora de Sasemar, Esther González Saavedra, quien haría muy bien en revisar la normativa específica de salvamento marítimo para que quienes se responsabilizan de éste, actúen conforme a ella y no con un tal alto grado de improvisación o rutina inadecuada.
El accidente en aguas de Almería del helicóptero Helimer 207 fue conocido por el Servicio de Emergencias 112 (!) gracias a que la torre de control del aeropuerto almeriense se lo comunicó. Ante ello cabe preguntarse cómo es posible que el Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) no hubiera tenido conocimiento del hecho cuando, al fin y al cabo, se trataba de un helicóptero de "la Casa". Aunque fuese un vuelo rutinario, éste debiera ser seguido por, además de la torre de control del aeropuerto de Almería, sus compañeros del CCS.
Pongamos que se produjo una hecatombe en el sistema de comunicación de la aeronave y que esta, por lo que fuere, no pudo emitir un socorro. Pero es que un helicóptero de salvamento marítimo dispone de medios auxiliares para, en caso de accidente propio, hacer llegar a su CCS los datos pertinentes. Por ejemplo, con su radiobaliza. Esta se activó, al parecer, dos horas después de la tragedia. ¿Otro fallo en una radiobaliza de 406 megaherzios, sobre las que advirtió LA OPINIÓN hace ya más de un año, tras el naufragio del pesquero Cordero? En el Inta de Las Palmas se podrá informar de una alerta por radiobaliza personal, que bien pudo haber sido la del chaleco salvavidas del rescatador del helicóptero. En uno y otro caso se evidencia la activación -no por falsa alarma- de dos sistemas de radiobaliza que corresponden al helicóptero Helimer 207, de Almería.
El gran trabajo realizado en el Congreso de los Diputados por el parlamentario, entonces, del BNG, Francisco Rodríguez, deja en este sentido una perla de gran luz: el Gobierno respondía el 21 de octubre de 2006 al diputado gallego, en relación con una iniciativa de éste en la que se interesaba por el accidente aéreo que costó la vida a Joaquín Ortiz de Zárate, comandante del Helimer Galicia en las operaciones de rescate de la tripulación del petrolero Mar Egeo, embarrancado casi a los pies de la Torre de Hércules. En su respuesta, el Gobierno de turno decía que "hoy en día es muy improbable que un buque o una aeronave no pueda hacer llegar su propia alerta a un Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) contrariamente a lo que sucedía antes de fijarse el Sistema Mundial de Socorro y Alerta GMDSS".
Pues menos mal que es improbable y que el Plan Nacional de Salvamento 2006-2009 dio a la mar la oportunidad de disponer de nuevas aeronaves dotadas de la más alta tecnología. Así interviene el 112, se silencia el servicio de alerta de las estaciones costeras y el CCS hace mutis por el foro para que el ministro de Fomento, José Blanco, intervenga donde tienen que hacerlo Sasemar y Marina Mercante. Buena faena. Como si alguien quisiera demostrar que "las nuevas" en Sasemar y Marina Mercante también cometen fallos.
El Helimer 207 parece que entró en barrena en la mar. Sus restos no habían aparecido cuando se pudo rescatar con vida a uno de sus tripulantes. Pero ¿y la balsa salvavidas del helicóptero? ¿Fue utilizada por el sobreviviente y las bengalas que empleó para pedir ayuda y fijar su posición eran las que, reglamentariamente, tales balsas deben llevar entre el material que , obligatoriamente, es de dotación?
Bengalas en pleno siglo XXI. El servicio 112 en lugar del CCS. Dos horas más tarde se activa la radiobaliza del helicóptero. Y seguimos...
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